viernes, 19 de diciembre de 2008

EL SUCESOR DE CASANOVA


Porfirio Rubirosa

Había nacido en 1909 en San Francisco de Macorís, pequeña ciudad cercana a Santo Domingo, en la República Dominicana. Hijo de un militar dominicano, pasó su niñez y adolescencia en París, cuando su padre fue nombrado Consejero en la sede diplomática de Francia.
Simpático, educado, deportista y buen mozo, aunque algo petiso, regresó a su patria en 1926 y se enroló en el ejército donde pronto fue ascendido a Capitán. Buen jugador de polo, llamó la atención del dictador Leónidas Trujillo quien lo incorporó a su cuerpo de ayudantes. En 1932 conquistó y se casó con la hija del Generalísimo, llamada Flor de Oro. Se iniciaba la fulgurante carrera de uno de los personajes más famosos de la vida mundana durante las siguientes tres décadas.
Le decían Rubi y lo que de sus cosas sabemos proviene, aparte de sus memorias inconclusas, de los comentarios siempre halagüeños de sus esposas y amantes, y de la tinta que biógrafos y periodistas han derramado tras sus pasos. De su estampa nos cuentan las fotos, ya montando sus caballos de polo, ya piloteando el legendario avión B25 con Zsa Zsa Gabor a su lado, ya al volante de la Ferrari Nº 33 en alguna carrera de fuste, o elegantemente vestido junto a alguna damisela, con su perpetua cara de pícaro en alguna de aquellas memorables veladas que endulzaron su existencia.
El primer y oportuno casamiento le permitió acceder a relevantes misiones diplomáticas. Se registró su paso en las legaciones de Berlín, Buenos Aires, Bélgica, Francia y finalmente en la Cuba prerrevolucionaria, aunque la mayor parte de su vida transcurría en París. “Será un gran diplomático, porque tiene gracia para la mujeres y además es un gran mentiroso”, dijo Trujillo al designarlo en los Asuntos Exteriores. El respondía: “Estoy muy ocupado para poder trabajar”. Exageraba, en Estados Unidos y Europa hacía buenos negocios para él y su suegro.
Farrista y mujeriego, su vida fue un incesante festín en los espacios más resplandecientes del planeta. Aunque separado de su primera esposa en 1937, no perdió por ello el favoritismo de Trujillo. Era útil al régimen. Se casó en 1942, en la Francia ocupada por los nazis, con Danielle Darrieux, la actriz francesa más bella y cotizada de esos años. Rubi, perpetuo embajador, tuvo el honor de ser arrestado por la Gestapo durante 6 meses, lo cual resultó un atractivo más para su magnética personalidad. Al ser dejado, en libertad la pareja se marchó a Suiza.
Por esos tiempos ya había delineado su personaje: Porfirio Rubirosa, el sucesor de don Juan y de Giacomo Casanova. El “Hombre de placer”, como él gustaba llamarse.
A principios de 1947 conoce en Roma a la multimillonaria Doris Duke, que por entonces se entretenía haciendo de reportera para las revistas Time y Vanity Fair, pese a ser la heredera de una de las mayores fortunas de EE.UU. Fascinada por el hombre, antes de partir le dejó una nota que decía: “Cuando termines con Danielle, llámame”. Naturalmente la llamó y en septiembre de ese mismo año se casaron, previo abultado cheque que la ricachona extendió a la actriz para que firmara sin chistar el divorcio.
La nueva consorte era generosa, le regaló a su marido una plantación de café en República Dominicana, un establecimiento de cría de caballos de polo, un bombardero B25 acondicionado como palacio aéreo, que Rubi alegremente piloteaba, además de la mansión parisina de la rue Bellechasse, en el que vivían y donde recalaban personalidades como el Ali Khan, John Kennedy o Frank Sinatra.
Por supuesto todo ello no mermaba su afición indeclinable por las damas. Rita Hayworth, Gene Tierney, Verónica Lake, Ava Gardner, Dolores Del Río, Jayne Mansfield, Kim Novak, Marilyn Monroe, Ertha Kitt, Eva Gabor y su hermana Zsa Zsa entre otras, eran visitantes frecuentes de su alcoba, sin mencionar a decenas de aristócratas, incluida la reina Soraya de Irán y una legión de damas de la alta sociedad que caían bajo su embrujo.
“Tu sientes que este hombre va a romper paredes, derribar montañas, tomar al mundo para alcanzarte” dijo la actriz húngara Zsa Zsa Gabor.
Su reputación lo precedía y era famosa la guaracha que decía:
¿Qué será, que será, que será la cosa que tiene Rubirosa?
La respuesta acerca de La cosa surgió de diferentes testimonios. Así, Truman Capote escribió en su libro “Answered Prayers”: “El principal atributo de Rubi es una macana café con leche de once pulgadas, tan gruesa como una muñeca de hombre”. Y digámoslo de una vez, Capote era un experto en esas cuestiones.
Hasta el día de hoy, en algunos restaurantes de París se denomina "El Rubirosa" al molinillo de pimienta.
Aficionado al box y a los aviones, tenía su equipo de polo: el Cibao-Pampa, con el cual jugaba en las mejores canchas del mundo. Poseía también su propia escudería de autos, con la cual corrió grandes premios, como aquel de Le Mans de 1950, cuando la Ferrari 166MM de Rubi corría pegada al Simca-Gordini de Juan Manuel Fangio. Era su época de oro y se dice que gastaba en sus gustos unos dos millones de dólares por año, lo que equivaldría a unos 25 millones de la actualidad.
“La mayoría de los hombres viven para ahorrar dinero, yo vivo para gastarlo” dijo alguna vez.
Al cabo de 14 meses, el matrimonio con Doris se acabó. Ella le regaló medio millón de dólares y una renta vitalicia de 25.000 al año mientras estuviera soltero.
No la cobró por mucho tiempo. Dos años después se casó con la ex esposa de Cary Grant, la millonaria Bárbara Hutton, heredera del imperio Wolworth
¡Ella le dio a Rubi, durante los 73 días que duró el vínculo, unos tres millones de dólares en efectivo, además de un nuevo avión, una hacienda en la República Dominicana, y 20 yeguas de polo del mejor pedigree!
Rubi justificó el divorcio diciendo: “Esa mujer quiere estar todo el día en la cama, criticando mi estilo de vida".
Volvió a las andadas hasta que en 1955 conoció a la modelo y actriz francesa Odile Rodin, de 19 años, con la que empezó a recorrer su madurez. Tras el asesinato de Trujillo en 1962, Rubi perdió todos sus privilegios y la próspera inmunidad diplomática, campo fértil para sus trapisondas. En el horizonte se dibujaban las nubes de la estrechez económica y la vejez.
La política y el mundo cambiaban, la marea de las circunstancias que ayer lo elevara hoy lo descendía.
Como un estoico, fiel a su lema “Antes muerto que aburrido”, de regreso de un festejo con su team de polo, por la obtención del Campeonato de Francia, a eso de las siete de la mañana del 16 de julio de 1965, se fue de la vida. Tenía 56 años.
Porfirio aceleró la hermosa Ferrari descapotable de color gris y en la soledad final, la estrelló contra un árbol de la Avenida Reina Margarita, en el Bois de Boulogne de su amado Paris.