viernes, 6 de agosto de 2010

EDUARDO AROLAS



Hijo de padres franceses, Lorenzo Arola nació en el año 1892, en el barrio de Barracas, en un conventillo de la calle Vieytes, no lejos del Riachuelo, donde hoy se alza el Nuevo Puente Pueyrredón. De chico, acompañaba la guitarra de su hermano Enrique, tocando una concertina. A los 17 años era un consumado intérprete del bandoneón, instrumento esencial en la ejecución de esos tangos fundacionales, que se dejaban oír por la Buenos Aires del Centenario. Su primera obra, Una noche de garufa, la compuso en recuerdo del bodegón así llamado en la calle Montes de Oca 1681. Ahí arrancó la carrera breve y luminosa de quien sería uno de los más inspirados compositores del género.
Lo llamaban El Tigre del bandoneón, y con un trío tanguero yiraba por los cafetines de la Boca. A veces lo acompañaba Bardi en el piano y Rocatagliatta en el violín. Gustaba vestirse a lo dandy, del arrabal, claro; con un sombrero gris requintado, saco a cuadritos, trencillado y chaleco de fantasía. Ya su música se dejaba oír en un café de Piedras y Cochabamba hasta que pasó, con éxito, al legendario cabaret Armenonville.
Hacia 1914 su fama de compositor y bandoneonísta era indiscutida, poseedor de un estilo novedoso y un fraseo incomparable,se ganó la admiración de todos. Formó un conjunto con Cobián al piano y Rocatagliatta y Lombardo en violines. Poco después incorporó a Julio De Caro y Manuel Pizarro. Fue un exponente sustantivo de la llamada Guardia Vieja tanguera, sobre la que se apoyaron musicalmente los renovadores como De Caro, Fresedo y Cobián.
Aficionado a la bebida y al malevaje del bajo fondo, contrariado por una intensa pena de amor, cruzó con su música a la Banda Oriental y luego a Francia, donde su espíritu atormentado iba de mal en peor.
Una noche cualquiera, a causa de su metejón con una puta que pertenecía a otro, recibió una tremenda golpiza en un callejón de Montmartre. Dias después murió en el Hospital Bichard, un 21 de Septiembre de 1924. Su música lo sobrevivió y aún encanta:
Comme il faut, El Marne, Rawson, Retintín, La Cachila, La Guitarrita, Derecho viejo y cien tangos más labran la gloria imperecedera de Lorenzo, alias Eduardo Arolas.
El gran poeta Enrique Cadícamo recordó su triste fin en un sentido verso:
En esta cayeja sola,
Y amasijao por sorpresa
Fue que cayó Eduardo Arolas
Por robarse una francesa.