lunes, 1 de marzo de 2010

LA DROGA DEL AMOR (Cuento)



En las postrimerías del segundo milenio los seres humanos habían desarrollado una serie de ingeniosos aparatos, denominados ordenadores o computadoras, que permitían efectuar una serie de operaciones que agilizaron enormemente los procesos de cálculo, información y comunicación.
Un siglo después, los progresos científicos acaecidos en el campo de la cibernética fueron considerables. Aquella rama del conocimiento que Platón denominara kybernetes, o arte de gobernar (hombres o navíos) había avanzado hasta límites insospechados. Resultó ser una valiosa herramienta para el impulso de la investigación científica.
Estaba escrito que sería en París, ciudad asociada al amor romántico desde tiempos inmemoriales, donde Serge Debran, investigador de la Universidad de La Sorbonne, perfeccionaría el llamado Neurógrafo de Splitz, al punto de permitirle estudiar, como nunca antes se hizo, los denominados neurotransmisores, responsables de la comunicación neuronal y de cuyo equilibrio o desequilibrio, dependen las emociones humanas.
Según relató en sus memorias, influenciado por un estremecedor romance que había trabado con su secretaria, comenzó a analizar el funcionamiento de su propio cerebro, por entonces sometido a las inclemencias de Cupido. En su laboratorio acostumbraba escuchar una antigua melodía proveniente del Río de la Plata, llamada “Tu diagnóstico”, cantada por un francés afincado en aquellas orillas y recordaba que fue inspiradora para sus célebres hallazgos.
--Estoy próximo a un descubrimiento sensacional. —Le dijo una tarde a un colega.
--¿De que se trata? --Preguntó el curioso.
--Logré identificar el mecanismo de acción de varias moléculas de la química cerebral, detecté su origen y su secuencia operativa. --Respondió eufórico.
Al cabo de dos meses, sorprendido por los hallazgos, Debran extendió el estudio a un universo poblacional más amplio, lo cual le permitió, más tarde, elaborar su célebre teoría, denominada Chimie de l´amourette, que en nuestro idioma vendría a significar Química del amorío.
En una de sus famosas publicaciones, Debran afirmó haber fundado sus trabajos en las antiguas observaciones de los psicólogos acerca de la sobrevaloración e idealización del objeto amado; y en los estudios de los neurobiólogos de Massachussets y Heidelberg, en torno a la ocitocina y algunas catecolaminas, y su acción sobre el lóbulo frontal.
Su originalidad consistió en detectar y cuantificar las concentraciones de pequeños neurotransmisores moleculares, en individuos inmersos en la sensación amorosa y relacionar las similitudes de acción registradas en trastornos tales como la bipolaridad, los estados obsesivos compulsivos, la depresión y diversas alteraciones del humor.
Pero, a mi modo ver, lo más interesante de su tarea fue la síntesis de unas moléculas que él denominó Reguladores anímicos, y que en dosis apropiadas mitigaban los trastornos de la personalidad, como también los síntomas de imbecilidad transitoria y desasosiego profundo, tan comúnmente advertidos en la fase del enamoramiento.
Como a menudo sucede, cuando se divulgaron sus hallazgos, fue criticado y anatemizado por sucesivas oleadas de mediocridades furibundas, quienes lo acusaron de ser un exterminador de sentimientos y de propender a una humanidad desprovista de los valores fundamentales del amor.
--Jamás intentaría eso, --respondió Debran en un difundido debate. –Cuando expliqué la química precisa de algunos comportamientos, solo pretendí arrojar un haz de luz sobre el misterio de ciertas emociones. No son más que alteraciones de reguladores neurofisiológicos que aseguran el contacto con la realidad y su aptitud crítica, desde el lóbulo frontal del cerebro.
De nada valieron los argumentos de la razón. Debran prosiguió, aislado y en silencio, con sus investigaciones, acaso imaginando que de poder invertir los términos del hallazgo, su obra maestra aún estaba por venir. Infirió que si el prójimo no deseaba suprimir los males del amorío, entonces debería obtenerlos al por mayor.
En Septiembre de 2214 sintetizó la Erotonina. En la publicación científica que detallaba este acontecimiento, reveló que en dosis adecuadas, el fármaco provocaba estados de ánimo idénticos a los del enamoramiento. Concluía, acaso con ironía, que considerando la grande importancia que tales emociones tenían en el inconciente colectivo, desde ese momento estaban a disposición de todos.
Sin embargo, su genio continuaba generando polémicas.
--“¿De qué me acusan? --Preguntó en el celebrado reportaje publicado por La Humanité, en el cual desmoronaba los argumentos de sus enemigos y les restregaba el placer de haberles devuelto, en forma de píldoras, ese sueño que tanto anhelaban y que hacia tanto habían perdido. Señaló, con su habitual humor ácido, que salvo unos poquísimos humanos dotados de genio o talento, que plasmarían en sus obras de arte los frutos de tan curioso estado, el resto de los mortales, tan solo podrían reverdecer viejos laureles, dejando atrás el hastío de vínculos oxidados, la decrepitud de los afectos, la exacta visión de sus mediocres y devaluadas parejas, tan cínicamente toleradas; recuperando con la Erotonina los altibajos de la pasión. El medicamento de Debran pronto pasó a ser más vendido que la aspirina.
Hacia el final de su vida, rico y famoso, Debran era un hombre decepcionado de la naturaleza humana. Falleció en Abril de 2121, y sus restos descansan en el cementerio de Montparnasse.
Uno de sus discípulos, Samuel Jacob, avanzó en el estudio de los trabajos del maestro y en colaboración con el economista inglés Madox Lynn, advirtieron que los efectos de la Erotonina se extendían más allá de lo imaginado. Los indicadores de productividad e innovación tecnológico-científica, disminuían, lenta e inexorablemente, en relación directa al consumo de Erotonina, mundialmente comercializada por un laboratorio suizo.
¡Aquella fue una revelación extraordinaria!
Por espacio de un año, el Parlamento Europeo, el Congreso de USA, los rusos, los chinos y hasta los hindúes, se ocuparon febrilmente del tema.
Luego, la comunidad internacional sancionó leyes severas y retiró la Erotonina del mercado, procediendo a su execración urbi et orbi. Las tres religiones monoteístas apoyaron la iniciativa. Todos mintieron, asegurando que la llamada droga del amor, tenía propiedades cancerígenas.
En la intimidad del poder se sabía que la marcha de los buenos negocios era incompatible con los estados contemplativos que la Erotonina provocaba. En estado natural, el enamoramiento afecta a una minúscula parte de la población, durante un cierto tiempo. El horror de la Erotonina consistía en que enamoraba a todos durante casi todo el tiempo.
Con la prohibición se revirtió la tendencia declinante de los negocios y se normalizaron las cifras de la macro y la micro economía. La lógica del mercado reinstaló la idea que los pensadores antiguos sostenían: "El amor, en su primera fase, es un estado que provoca embotamiento y necedad excesivas, estado que la cabeza no soporta durante mucho tiempo”.
Indirectamente, no hacían más que darle razón al vituperado Debrán, quien acaso en el otro mundo saboreó los frutos tardíos de la venganza.
Aquellos que mandaban en la tierra, entendieron la necesidad de retrotraer la alienación y la estupidez humana a valores funcionales, es decir a los límites precisos e imprescindibles para la continuidad de los asuntos planetarios, con sus industrias, sus guerras y sus ideologías, adecuadamente incorporadas a la vida cotidiana. Cien años después de los descubrimientos de Debrán, el asunto estaba olvidado. La perniciosa influencia de la Chimie de l´amourette estaba definitivamente sepultada.
Las oquedades iluminadas por el científico francés, recuperaron su milenaria oscuridad. Hacia el año 2250 estaba reinstalada la miopía de los viejos tiempos y los sofistas explicaban los misterios del amor como provenientes de ignotas vibraciones del alma, tan bien cantadas por poetas y romanceros de toda laya.
Personalmente, después de estudiar en profundidad aquellos sucesos, concluyo observando que hay en la esencia de la felicidad humana infinidad de variables, la mayoría de las cuales no merecen ser develadas.


N del A: La fuente de esta crónica puede hallarse en la “Histoire de la decouverte scientifique”, de Julián Ducoeur, editada por Paris Presse, MMCCLV.


lunes, 31 de agosto de 2009

EL DILUVIO INVERTIDO

EL DILUVIO INVERTIDO
Relato breve

La tierra amaneció nublada, cubierta por densos nubarrones. Al rato nomás los relámpagos y los truenos se hicieron sentir. La lluvia insignificante al principio, pronto devino torrencial y la insidiosa profecía que algún diablo había hecho correr por el olimpo cósmico pareció cumplirse.
Diluvió cuarenta días y cuarenta noches, de abajo hacia arriba, y los cielos se inundaron. Los dioses se alarmaron al principio y se desesperaron después. Dada la ausencia de árboles no pudieron construir un arca que los salvara y cuando el agua los tapó más arriba del cogote, sucumbieron.
Pasada la tormenta, la tierra se aclaró, las aves piaron y los humanos, aquí y allá, prosiguieron con sus tareas habituales, al parecer sin deseos de inventar nuevas víctimas celestiales.

martes, 2 de junio de 2009

UN GENIO ATORMENTADO

Nikolái Gogol
1809-1852

En qué espantoso mundo vivimos, caballeros.
N.G.

Gogol vivió apenas 42 años y sin embargo, pese a la cortedad de su existencia, el legado de su obra lo ubica entre los grandes escritores rusos y entre los primeros de la literatura universal. Nació en Ucrania, de ancestros polacos, en el seno de una familia de la baja nobleza rural. A poco de cumplir los 20 años, viajó a San Petersburgo donde al no encontrar conchabo en la burocracia zarista, se empleó en la universidad como profesor de Historia.
Sus primeras publicaciones fueron exitosas, tal el caso de las Veladas en la finca de Dikanka y Mirgorod, ambos títulos del año 1832. Mirgorod, compuesto de cuatro relatos, incluye el célebre poema épico Taras Bulba. Su prosa, plena de humor, realismo e ingenio le valió fama y críticas feroces.
Destacó como dramaturgo con su comedia El Inspector general, que lo enemistó con la censura y lo habilitó para su larga estancia en Roma, donde produjo la novela Almas muertas, su obra maestra. Fue este libro modelo e inspiración para varias generaciones de escritores. En él describe de modo magistral las andadas del consejero colegial Pável Ivanovich Chichikov, truhán y estafador sin límites que se apropia de títulos de propiedad de sirvientes muertos. La calidad de su texto sitúa esta novela en los umbrales de la literatura moderna.
En 1842 publicó uno de sus relatos cortos más celebrados: El capote, que relata las peripecias de un funcionario, víctima de las injusticias tan frecuentes en la cruel sociedad rusa de esos tiempos.
Gogol, preso de obsesiones místicas, inmerso en una profunda crisis espiritual, en 1848 peregrinó a Tierra Santa en busca de respuestas que no encontró.
Al borde de la locura, poco antes de morir quemó gran cantidad de escritos, entre ellos los originales de la segunda parte de Almas muertas, acaso ensimismado en culpas delirantes por la obra realizada.
Así suele ser la vida de aquellos que ungidos por el azar con el don de crear belleza, a veces, al movilizar fuerzas y materiales extraídos de canteras situadas en las profundidades del alma humana, arrastran desde ese psiquismo oscuro, los fragmentos, inservibles por despedazados, del equilibrio y la mesura indispensable para la vida del así denominado hombre común.
Iván Turguenev, el maravilloso dramaturgo y novelista, considerado el más europeo de los escritores rusos, escribió en el obituario de la Gaceta de San Petersburgo:
“... ¡Gogol ha muerto!...
¿Qué corazón ruso no se conmociona por estas tres palabras?...
Se ha ido, el hombre que ahora tiene el derecho,
el amargo derecho que nos da la muerte, de ser llamado grande...”

Las autoridades encargadas de la censura no aprobaron este homenaje póstumo, pero Turguenev se las ingenió para publicarlo. Ello le valió al joven talento un mes de prisión y dos años de destierro. En efecto durante el despótico reinado del mediocre zar Nicolás I, el clima político de Rusia, fértil para espías e informantes de un terrorífico aparato represivo, devino agobiante para muchos, en particular para los intelectuales. Como se advierte, de lejos provenían las raíces de la hiedra opresiva del Stalinismo que tanto oprobio generara en el siglo XX. La autocracia zarista, ciega, plena de despotismo y violencia para sostenerlo, sembró cizañas que aún hoy se cosechan.
Así fueron las cosas…

viernes, 19 de diciembre de 2008

EL SUCESOR DE CASANOVA


Porfirio Rubirosa

Había nacido en 1909 en San Francisco de Macorís, pequeña ciudad cercana a Santo Domingo, en la República Dominicana. Hijo de un militar dominicano, pasó su niñez y adolescencia en París, cuando su padre fue nombrado Consejero en la sede diplomática de Francia.
Simpático, educado, deportista y buen mozo, aunque algo petiso, regresó a su patria en 1926 y se enroló en el ejército donde pronto fue ascendido a Capitán. Buen jugador de polo, llamó la atención del dictador Leónidas Trujillo quien lo incorporó a su cuerpo de ayudantes. En 1932 conquistó y se casó con la hija del Generalísimo, llamada Flor de Oro. Se iniciaba la fulgurante carrera de uno de los personajes más famosos de la vida mundana durante las siguientes tres décadas.
Le decían Rubi y lo que de sus cosas sabemos proviene, aparte de sus memorias inconclusas, de los comentarios siempre halagüeños de sus esposas y amantes, y de la tinta que biógrafos y periodistas han derramado tras sus pasos. De su estampa nos cuentan las fotos, ya montando sus caballos de polo, ya piloteando el legendario avión B25 con Zsa Zsa Gabor a su lado, ya al volante de la Ferrari Nº 33 en alguna carrera de fuste, o elegantemente vestido junto a alguna damisela, con su perpetua cara de pícaro en alguna de aquellas memorables veladas que endulzaron su existencia.
El primer y oportuno casamiento le permitió acceder a relevantes misiones diplomáticas. Se registró su paso en las legaciones de Berlín, Buenos Aires, Bélgica, Francia y finalmente en la Cuba prerrevolucionaria, aunque la mayor parte de su vida transcurría en París. “Será un gran diplomático, porque tiene gracia para la mujeres y además es un gran mentiroso”, dijo Trujillo al designarlo en los Asuntos Exteriores. El respondía: “Estoy muy ocupado para poder trabajar”. Exageraba, en Estados Unidos y Europa hacía buenos negocios para él y su suegro.
Farrista y mujeriego, su vida fue un incesante festín en los espacios más resplandecientes del planeta. Aunque separado de su primera esposa en 1937, no perdió por ello el favoritismo de Trujillo. Era útil al régimen. Se casó en 1942, en la Francia ocupada por los nazis, con Danielle Darrieux, la actriz francesa más bella y cotizada de esos años. Rubi, perpetuo embajador, tuvo el honor de ser arrestado por la Gestapo durante 6 meses, lo cual resultó un atractivo más para su magnética personalidad. Al ser dejado, en libertad la pareja se marchó a Suiza.
Por esos tiempos ya había delineado su personaje: Porfirio Rubirosa, el sucesor de don Juan y de Giacomo Casanova. El “Hombre de placer”, como él gustaba llamarse.
A principios de 1947 conoce en Roma a la multimillonaria Doris Duke, que por entonces se entretenía haciendo de reportera para las revistas Time y Vanity Fair, pese a ser la heredera de una de las mayores fortunas de EE.UU. Fascinada por el hombre, antes de partir le dejó una nota que decía: “Cuando termines con Danielle, llámame”. Naturalmente la llamó y en septiembre de ese mismo año se casaron, previo abultado cheque que la ricachona extendió a la actriz para que firmara sin chistar el divorcio.
La nueva consorte era generosa, le regaló a su marido una plantación de café en República Dominicana, un establecimiento de cría de caballos de polo, un bombardero B25 acondicionado como palacio aéreo, que Rubi alegremente piloteaba, además de la mansión parisina de la rue Bellechasse, en el que vivían y donde recalaban personalidades como el Ali Khan, John Kennedy o Frank Sinatra.
Por supuesto todo ello no mermaba su afición indeclinable por las damas. Rita Hayworth, Gene Tierney, Verónica Lake, Ava Gardner, Dolores Del Río, Jayne Mansfield, Kim Novak, Marilyn Monroe, Ertha Kitt, Eva Gabor y su hermana Zsa Zsa entre otras, eran visitantes frecuentes de su alcoba, sin mencionar a decenas de aristócratas, incluida la reina Soraya de Irán y una legión de damas de la alta sociedad que caían bajo su embrujo.
“Tu sientes que este hombre va a romper paredes, derribar montañas, tomar al mundo para alcanzarte” dijo la actriz húngara Zsa Zsa Gabor.
Su reputación lo precedía y era famosa la guaracha que decía:
¿Qué será, que será, que será la cosa que tiene Rubirosa?
La respuesta acerca de La cosa surgió de diferentes testimonios. Así, Truman Capote escribió en su libro “Answered Prayers”: “El principal atributo de Rubi es una macana café con leche de once pulgadas, tan gruesa como una muñeca de hombre”. Y digámoslo de una vez, Capote era un experto en esas cuestiones.
Hasta el día de hoy, en algunos restaurantes de París se denomina "El Rubirosa" al molinillo de pimienta.
Aficionado al box y a los aviones, tenía su equipo de polo: el Cibao-Pampa, con el cual jugaba en las mejores canchas del mundo. Poseía también su propia escudería de autos, con la cual corrió grandes premios, como aquel de Le Mans de 1950, cuando la Ferrari 166MM de Rubi corría pegada al Simca-Gordini de Juan Manuel Fangio. Era su época de oro y se dice que gastaba en sus gustos unos dos millones de dólares por año, lo que equivaldría a unos 25 millones de la actualidad.
“La mayoría de los hombres viven para ahorrar dinero, yo vivo para gastarlo” dijo alguna vez.
Al cabo de 14 meses, el matrimonio con Doris se acabó. Ella le regaló medio millón de dólares y una renta vitalicia de 25.000 al año mientras estuviera soltero.
No la cobró por mucho tiempo. Dos años después se casó con la ex esposa de Cary Grant, la millonaria Bárbara Hutton, heredera del imperio Wolworth
¡Ella le dio a Rubi, durante los 73 días que duró el vínculo, unos tres millones de dólares en efectivo, además de un nuevo avión, una hacienda en la República Dominicana, y 20 yeguas de polo del mejor pedigree!
Rubi justificó el divorcio diciendo: “Esa mujer quiere estar todo el día en la cama, criticando mi estilo de vida".
Volvió a las andadas hasta que en 1955 conoció a la modelo y actriz francesa Odile Rodin, de 19 años, con la que empezó a recorrer su madurez. Tras el asesinato de Trujillo en 1962, Rubi perdió todos sus privilegios y la próspera inmunidad diplomática, campo fértil para sus trapisondas. En el horizonte se dibujaban las nubes de la estrechez económica y la vejez.
La política y el mundo cambiaban, la marea de las circunstancias que ayer lo elevara hoy lo descendía.
Como un estoico, fiel a su lema “Antes muerto que aburrido”, de regreso de un festejo con su team de polo, por la obtención del Campeonato de Francia, a eso de las siete de la mañana del 16 de julio de 1965, se fue de la vida. Tenía 56 años.
Porfirio aceleró la hermosa Ferrari descapotable de color gris y en la soledad final, la estrelló contra un árbol de la Avenida Reina Margarita, en el Bois de Boulogne de su amado Paris.

martes, 25 de noviembre de 2008

SEBASTIANO DEL PIOMBO

Sebastiano del Piombo
1485-1547
Un talento florecido entre Rafael y Miguel Angel



Retrato de Cristóbal Colón


Sebastiano Luciani nació en Venezia en 1485, siete años antes que Cristóbal Colón descubriera América, y a quien siete lustros más tarde retrataría en un maravilloso óleo que se aprecia en el museo Metropolitano de New York.
Discípulo de Bellini y de Giorgione, sus primeras pinturas del período veneciano registran la influencia de aquellos maestros, el color y la serenidad de las figuras.
En 1511, invitado por el el sienés Agostino Chigi, poderoso banquero al servicio del papado, el mismo que se hiciera construir por el divino Rafael su capilla en la iglesia de Santa María del Popolo, en Roma Le encomendó entonces a Sebastiano algunos frescos de la sala denominada La loggia de Galatea, en su hermosa Villa del barrio del Trastevere, construída entre 1505 y 1511 por el arquitecto Baldasarre Peruzzi, hoy conocida como La Farnesina, al ser comprada en 1577 por el poderoso Cardenal Alejandro Farnese.
Sebastiano llegó a ser entre 1519 y 1530 el primer pintor de Roma. Los retratos sabiamente perfilados, la expresividad de rostros y manos, el suave color de los cuadros, todo en ellos resuma maestría y se denomina a la obra de esta época del período romano, donde combina la luz de la pintura Véneta con la monumentalidad por entonces de moda en la ciudad eterna. Se advierte en estas pinturas la influencia desprendida del trato y la colaboración con Rafael primero y con Miguel Angel después.
Ambos genios renacentistas valoraron su arte y por ambos fue admirado, a pesar de las desavenencias personales que luego sobrevinieron. En efecto, enemistado con Rafael primero, también en 1534 rompió relaciones con Miguel Angel, al negarse éste a pintar al óleo El Juicio Final de la Capilla Sixtina, tal como Sebastiano le había aconsejado al Papa.
Buonarroti argumentó que el óleo era una pintura para mujeres o haraganes como Sebastiano, y que el prefería el fresco. Así lo hizo para su gloria.
En 1537, Sebastiano fue premiado por una sinecura papal, sumamente codiciada y remunerativa cual era la Piombatura Pontificia, consistente en custodiar los sellos de plomo del pontífice, Piombo en italiano, de allí el sobrenombre con el cual la historia del arte lo registra hoy en día.
La seguridad y los honores del cargo apocaron su ímpetu creativo y amenguó el caudal de sus pinturas, como si la necesidad fuera un acicate para la inventiva.
Son numerosas sus obras maestras, como la Piedad de Viterbo, el Retrato de Clemente VII, el Retrato de Andrea Doria, la Resurrección de Lázaro, La Fornarina además de sus frescos diseminados en bellas capillas de Roma y Venecia.
Se fue de la vida en el año 1547.