martes, 4 de noviembre de 2008

FRANÇOIS VILLON - El primero de los poetas malditos


François Villon
Paris 1431-1463

Van los príncipes a la muerte, igual que el clérigo y el siervo. F.V.


En el año 1888, Paul Verlaine publicó en prosa poética su obra Los Poetas malditos. Honraba en ella a Tristan Corbière, Arthur Rimbaud, Stéphane Mallarmé, Marceline Desbordes-Valmore, Auguste de L´Isle Adam y Pauvre Lelian (anagrama de Paul Verlaine), y es dable conjeturar que no pensó en aquel otro poeta francés de humildísimo origen, que con cuatro siglos de antelación, era también merecedor de ese calificativo y esa honra.
Cuando se intentó rescatar del olvido a la literatura medieval, opacada por el desprecio con que la consideraron los artistas del renacimiento, François Villón apareció, indiscutido y admirado, como el único gran poeta de Francia durante esos años oscuros.
Nació como François de Montcorbier, en el año 1431, en medio de los horrores, las hambrunas y las pestes que dejaba tras de sí la Guerra de los Cien Años. Cuando contaba once años, al morir su padre, fue encomendado a los cuidados de la comunidad religiosa de Saint-Benoît le Bétourné, dirigida por el eclesiástico y doctor en derecho canónigo Guillaume de Villon, cuyo apellido adoptaría más tarde François, en reconocimiento a la ayuda que aquel le prestara. En efecto cuidó de su educación y le facilitó el ingreso a La Sorbonne para realizar estudios y obtener, en 1452, el título de Maestro en Artes. François de Montcorbier, el futuro autor del Testamento, también fue un clérigo y ocupó en la jerarquía feudal ese rango aventajado, al depender de la justicia eclesiástica (más indulgente que la justicia ordinaria) estar exento de impuestos, acceder a cargos y aspirar a modestos beneficios.
Con talento para la poesía, fue también un espíritu marginal, turbulento, indisciplinado, inclinado a la violencia, el robo y el asesinato. Frecuentador de tabernas y prostíbulos, truhán, jugador y pendenciero, se forjó una leyenda negra que le granjeó en el siglo XIX, las simpatías de los escritores del Romanticismo y prevaleció en su fama esa conducta anómala sobre la auténtica calidad de su obra, la cual, aunque de intrincada trama, está inserta en la época histórica en que la produjo, e iba dirigida por lo general a sus cómplices. Inspirada en oscuros personajes del siglo XV, es una poesía indudablemente bella.
Cuando en 1496 el poeta Clément Marot editó la obra de Villon, se la presentó al rey de Francia con estas palabras:
“Es el mejor poeta que podáis encontrar. En lo tocante al arte e ingenio de los legados de sus Testamentos, para poder apreciarlos y comprenderlos habría que haber vivido en su tiempo en París y conocido los lugares, las cosas y los hombres de que habla: cuanto más se borre el recuerdo de éstos, menos se conocerá el arte e ingenio de los legados mencionados”
Su existencia, aunque purificada por el arte, sería un continuo desatino, mató a un sacerdote en una riña, robó, fue encarcelado, luego condenado al destierro y finalmente a la horca. Al parecer su pena fue conmutada hacia el año 1461. Regresó a París en 1463 y allí su rastro se pierde para siempre.
Nos queda de su obra: El Gran y el Pequeño testamento, las baladas y otros poemas verdaderamente interesantes, cuyos títulos fueron póstumamente inventados por el citado Marot.

He aquí algunos pasajes de su pluma:

Balada de los señores de antaño

Nadie triunfa sobre la muerte,

ni la detienen los palacios.

Una pregunta me atribula:
¿Aquel rey de Bohemia, Lazlo, dónde está?
¿Dónde está su abuelo?Y más aún…
¿Dónde está el bravo Carlomagno?


Balada en vieja lengua francesa

Porque también el Santo Padre,
con armiño cubierto,
ceñido con estolas santas
con las que toma por el cuello
al diablo que maldad segrega,
muere igual que un pobre lego
al que una brisa suave lo arranca.


Balada de la Bella Armera

Creo estar oyendo quejas de la que fue la Bella Armera;
cómo quisiera aún ser joven...
Parece hablar de esta manera:
¿Por qué tan pronto me venciste,
vejez cruel y traicionera?
¿Qué me detiene a hundir el hierro
que borraría mis miserias?