La metamorfosis del cinismo filosófico
"Vivir no es malo, vivir mal sí lo es"
Diógenes
Fue el cinismo una escuela filosófica que floreció en Grecia entre los siglos IV y III aC y luego impregnó las grandes ciudades del imperio romano durante ocho centurias más.
Su fundador fue Antistenes, discípulo de Sócrates y uno de los privilegiados que acompañó al gran hombre a la hora de su muerte. Su nombre cínicos, proviene de cynosarges, (perro blanco) que así se llamaba el gimnasio donde Antistenes enseñaba y más tarde a propósito del comportamiento trasgresor de Diógenes, otro seguidor, se los apodó kion, es decir perros.
También, entre otros, pertenecieron a esta escuela Crates e Hiparquia. Todos ellos cultivaban la anaidea (irreverencia) como modo de expresar su desprecio y consecuente rechazo del orden social, político y religioso de aquellos tiempos, generador de necesidades contrarias a la naturaleza humana. Con su estilo franco y provocador desconcertaban a sus contemporáneos y desnudaban toda su hipocresía.
Proponían, como remedio, un retorno a la vida natural, a una existencia simple, y afirmaban que la felicidad completa sólo puede lograrse a través de la auto-suficiencia, y que la libertad es el verdadero bien y no las riquezas o la lujuria. No se cansaban de repetir que “filósofo es aquel que, en la sencillez y hasta en la indigencia, introduce el pensamiento en su vida y da vida a su pensamiento”.
2000 años después, aquella corriente de pensamiento que procuraba que el hombre no fuera esclavo de nada ni de nadie en el pequeño universo donde hallaba su lugar, se fue esfumando, distorsionando y cayendo en un descrédito, más apareado a la ignorancia de las masas que a la crítica racional de sus postulados. Finalmente, los acusados de los males sociales acabaron tomando el nombre de sus acusadores.
Así, el diccionario de la Real Academia Española nos dice que cinismo proviene del latín cynismus, y este del griego κυνισμός. Y le da cuatro significados:
1. m. Desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables.
2. m. Impudencia, obscenidad descarada.
3. m. Doctrina de los cínicos (pertenecientes a la escuela de los discípulos de Sócrates).
4. m. desus. Afectación de desaseo y grosería.
Como se advierte, el diccionario introduce en las dos primeras acepciones y en la última, significados de desvergüenza, obscenidad y grosería, en tanto que en la tercera, retrotrae al orígen filosófico del término.
El hombre moderno, en particular el hombre común, utiliza indistintamente aquellas tres definiciones de cinismo y las aúna en su absoluto descreimiento del poder y la sinceridad humana, en sus propósitos y sus acciones. Razón no le falta, a la luz de las experiencias surgidas en el último siglo, el ejercicio del poder ha sido vituperable. Dos guerras mundiales, que esparcieron destrucción y muerte a escala espantosa y una sociedad global violenta, plena de codicia, rapiña y desmesura hacen añorar el mensaje de aquellos cínicos, que vivían miserablemente, al margen de su prójimo y que hacían de la burla y el sarcasmo un arma contra el orden social antihumano.
Esas ideas eran, al decir de F. Nietzsche: “Lo más elevado que puede alcanzarse en la tierra. Para conquistarlas hacen falta los puños más audaces y los dedos más delicados”. Y concluía: "Los que más han amado al hombre le han hecho siempre el máximo daño. Han exigido de él lo imposible, como todos los amantes".