
Decía alguien, no sin razón, que la cultura de un país no se mide por la altura genial de unos pocos, sino por el valor que acredita el conjunto de sus habitantes.
En ese sentido, Borges, Gardel, Favaloro o Perón son cumbres maravillosas del arte, la ciencia y la política, que hasta la fecha, exceptuando lo que hay que exceptuar, se yerguen, lamentablemente, en una vasta y desértica llanura, donde la ausencia de educación cívica, la incultura, el individualismo cerril, nos ha transformado en un país con habitantes pero sin ciudadanos, donde la necedad propalada por todos los medios ha imbecilizado a gran parte de la sociedad, achatando el pensamiento, promoviendo la idolatría de personajes dignos de desprecio, produciendo en suma, una sociedad en involución.
Al no poder colocar el civismo en un plano superior, entendemos la patria como una especie de proyecto adventicio, personal, que se explica y se justifica según nos va en la feria. De ahí a la inexistencia de una ciudadanía responsable no hay más que un paso. En ese gélido clima moral, la corrupción, el facilismo, la opinión pueril, la politiquería barata prosperan. Alli, la ausencia de educación de las masas deviene política de estado.
En ese aspecto el seleccionado nacional de fútbol imitó al país del que proviene. Individualidades más o menos talentosas, dispersas y a merced del azar, que no lograron conformar un equipo. Las responsabilidades les caben a unos pocos y en este sentido, las sociedades de cualquier naturaleza, como los pescados, se pudren por la cabeza. Un cúmulo de consignas banales y de motivaciones sensibleras pretendieron sustituir la idoneidad profesional que requiere un director técnico y auguraban la derrota y el resultado final del 4-0 en Sudáfrica.
El país también está al borde de un 4-0. Nos corresponde a nosotros deshacernos de los pescados que se han echado a perder.
De no producirse un cambio profundo en la manera de ver, sentir y entender la patria, los argentinos acabaremos por tener lo que nos merecemos: Una tierra de insoportable mediocridad, con miseria creciente, violenta hasta el hartazgo, gobernada a perpetuidad por un puñado de corruptos que promoverán a buen precio el Bailando por un sueño o el Fútbol para todos, que resultaría una versión criolla, degradada del Pan y Circo de la antigua Roma, ya que en estas tierras, el dinero para el pan se lo han robado.