
"El amor abre el paréntesis, el matrimonio lo cierra."
Victor Hugo
La Argentina ha demostrado que cuando quiere, puede estar, con presteza, a la vanguardia evolutiva de las sociedades planetarias. Lo que a otros países les lleva años de investigación, búsqueda de consensos y debates, aquí, en menos de lo que canta un gallo, lo resolvemos.
De ahora en más, las parejas del mismo sexo pueden casarse, igual que las heterosexuales, en el marco del código civil y si la felicidad pasa por allí, pues que sean felices. Lo celebramos.
Ahora bien, una vez concluidas las celebraciones de esas conquistas, sería interesante que las mismas energías y los ríos de tinta empleados por tirios y troyanos para atacar o defender esa cuestión, se volcaran a asuntos infinitamente más urgentes y dolorosos que la ley de matrimonio igualitario, y que son precisamente, aquellos horrores que nos expulsan de la vanguardia. Cito, por caso, la carencia humillante en que se encuentran sumidos millones de jubilados, condenados a morirse de hambre con 900 ó 1000 pesos mensuales.
Además deberíamos agendar como temas prioritarios la crisis de la salud y la educación, el INDEC mentiroso y la inflación del 25%, la pobreza y el desamparo social, la violencia delictiva, el flagelo de las drogas y sus narcotraficantes, la corrupción de los que mandan, la utilización de los pobres para los fines inconfesables de la política, etc. etc.
Se trata, en suma, de los males de un país que ofende al persistir en la injusticia.
¡Argentinos a las cosas! ... Había expresado Ortega y Gasset en una de sus visitas, pero, pasado el tiempo, las cosas esperan y nosotros también. Vivimos tiempos de decisiones trascendentes: O somos una comunidad de avestruces insatisfechos o una sociedad organizada, comprometida con el bien común y el progreso humano, cumpliendo y haciendo cumplir las leyes.
¡Cada quien a lo suyo!