miércoles, 3 de noviembre de 2010

LA CAÍDA DE LOS DIOSES




“Sólo Dios es grande”, dijo el obispo Masillon en su oración fúnebre frente al cadáver de Luis XIV de Francia. En esa como en otras piezas oratorias del prelado, mostrábase lleno de desdén hacia las grandezas humanas y no había elevación que en su sentir no fuera peligrosa para el alma.
Los liderazgos humanos se precipitan en la nada por la pérdida de su magnetismo en las masas, o bien por derrotas bélicas o políticas, o sencillamente por la muerte. Y cuanto más fuertes son los liderazgos más grande son las consecuencias que su pérdida provoca.
Tras la muerte de César sobrevino la guerra civil entre Marco Antonio y Augusto. Tras la muerte de Carlomagno, el imperio carolingio se desmembró en pocos años y desapareció. Muerto Luis XIV, en seis décadas la revolución francesa arrasó con la corona de los Capetos.
Y por citar ejemplos más nuestros, muerto Perón, desaparecido de la escena su talento político, ese talento que él construyó, perfeccionó y aplicó como pocos, su viuda, simple heredera de sus glorias, faltante la guía, se precipitó en la desgracia de los entornos y los microclimas cortesanos.
Ha muerto Néstor Kirchner y los beneficiarios del poder y la ambición que estragó su corazón y le segó la vida, desean expresar repetidamente que nada cambiará y que el gobierno seguirá su marcha en pos de los objetivos del finado.
La historia no acredita semejantes prodigios.
Los halcones y las palomas que anidan en todo poder sucesorio no vuelan en los mismos cielos. De ahí que cuatro escenarios posiblemente aguarden a quienes gobiernan la Argentina en los próximos 13 meses y que serían, en orden de probabilídades:
1)Que la diferencia escencial entre construir el poder y usufructuarlo se manifieste, tanto en la incapacidad de sus apóstoles para sostener y expandir la doctrina, como en diversas luchas intestinas por el control de la voluntad de la presidenta o de resortes claves del aparato gubernamental, y que tales camarillas se neutralicen unas a otras fracasando en el logro de los objetivos generales.
2)Que logren establecer un orden y un eficaz liderazgo de emergencia y radicalicen su metodología y sus fines, extremando los principios despóticos y fundamentalistas del unicato casi monárquico, empobreciendo la convivencia democrática intra y extramuros de la Casa Rosada.
3)Que intenten desarrollar una política de diálogo y unión nacional, tendiente a reparar los enfrentamientos, apuntando a incrementar la calidad institucional devaluada hasta la fecha, generando un clima apto para una mejor convivencia política, social y económica.
4)Una combinación invertebrada de estas tres variantes anteriores.


La sociedad en su conjunto, exceptuando a quienes hay que exceptuar, espera que gobierno y oposición logren transmitir un mensaje superador de la actual coyuntura, y sin crispaciones, agravios ni diatribas de ácido pícrico, desarrollen un programa futuro de acuerdos básicos, de estrategias comunes, que en el corto mediano y largo plazo se transformen en políticas de estado, que incorporen a la Argentina en la lista de los países desarrollados, lista a la que una vez pertenecimos.
Ingresamos a tiempos de desafío tanto para la ciudadanía como para la dirigencia política.