Espacios donde lo imaginario y lo real se entremezclan, que otra cosa no es, ese raro fenómeno humano que denominamos Arte. © Todas las obras de Eduardo Protto publicadas en esta web están registradas. Su uso indebido será sancionado.
martes, 30 de noviembre de 2010
Políticas de Estado
Bien dicen que un gobernante piensa en las próximas elecciones en tanto que un estadista piensa en las próximas generaciones. En esa inteligencia no es osado conjeturar que a esta República Argentina le esta haciendo falta ser gobernada por esa clase de políticos, para colocarla definitivamente en el siglo XXI, y arrancarla del siglo pasado al que pretenden anclarla los que hoy mandan.
Esta centuria debería ser la continuidad del legado de los grandes próceres. Unidad de los argentinos en torno a un proyecto nacional que amalgame a todas las clases sociales. A cada uno lo suyo sin despojos ni injusticias.
Establecer de una vez por todas una comunidad organizada donde cada quien se exprese sin vulnerar derechos ajenos. La vigencia de instituciones decorosas, el cabal respeto de la ley, el vigor de la fuerza pública para hacerla valer serían los objetivos para prosperar dentro de un estado de derecho respetable y respetado.
Digámoslo con todas las letras: Nunca más al enfrentamiento violento. Nunca más al desprecio moral por las ideas contrarias, Nunca más a la reivindicación facciosa de un pasado sangriento. Nunca más a la corrupción y a la impunidad. Nunca más al hambre, a la falta de trabajo, al olvido de la educación, al hábito de la prebenda y a su correlato, el clientelismo político.
Llegarán los tiempos en que se cumplirá el apotegma de Perón: Para un argentino no hay nada mejor que otro argentino.
Será menester un puñado de políticas de estado que concentren el imperio de la educación con aquella obsesión Sarmientina, el imperio del trabajo con aquella dignificación peronista, el imperio del orden y del progreso con aquel fervor de la generación del ´80.
Hay un porvenir hacia el que marcha un puñado de naciones, que emergerán del subdesarrollo para reencontrar un destino de prosperidad. Debemos encontrarnos entre ellas.
Para eso será preciso dejar atrás a los ambiciosos del poder despótico, a los corruptos disfrazados de progresistas, a los mediocres y a los violentos ocultos tras las máscaras del populismo inane. En suma, es preciso abandonar a su suerte a aquellos que tienen ojos en la nuca y construir el país que todos merecemos.
Está al alcance de la mano, si hay un cerebro y un corazón que la guíe.
