miércoles, 16 de febrero de 2011

¿QUO VADIS, DOMINE?



La frase del título estriba en una leyenda del siglo XIII, al parecer escrita por Jacobo de Vorágine, arzobispo de Génova, y que refiere a San Pedro, cuando huyendo de Roma por las persecuciones de Nerón del año 64, se encontró a Jesucristo, quien le hizo esa pregunta: ¿A dónde vas, señor?
Igual pregunta deberíamos formularnos los argentinos, ya que asistimos a tiempos decadentes y no sabemos a dónde iremos a parar. El país atraviesa una crisis social, económica y política singular.
* Hay crisis social porque la educación, la salud, la seguridad, el respeto de la ley y sus pautas morales son despreciadas sin tino, sin discreción ni miramiento, desde la cabeza del estado.
* Hay crisis política pues no existe conducción estratégica y el gobierno está poblado por un gabinete de ministros incompetentes.
* Hay crisis económica pues se hace de la mentira un axioma. Estadísticas falseadas, falta de inversión, ausencia de reglas de juego económicas, ocultamiento de una las mayores inflaciones del mundo y una pobreza mal subsidiada y espantosa, son algunos de los ejemplos que brotan a diestra y siniestra.
¡Solo el trabajo dignifica! Pero... ¿Que saben de ello los que han pasado por la función pública para enriquecerse?
Asistimos al ocaso de un régimen que le ha causado a la nación males enormes.
Un régimen que ha generado enfrentamientos innecesarios, ha envenenado de corrupción el tejido social y desde un fundamentalismo revanchista, ha fosilizado su percepción de la historia, enarbolando banderas de reivindicación del accionar terrorista, el mismo que ensangrentó al gobierno democrático del General Perón y que dio pie a la feroz represión genocida de la dictadura militar.
Hoy como ayer, perdieron tiempo y oportunidades históricas para engrandecer al país y darle felicidad duradera al pueblo. De ahí a perder el rumbo no había más que un paso… y ya lo dieron.
Parafraseando al monje dominico, debemos preguntarnos: ¿Quo vadis, Argentina?

miércoles, 2 de febrero de 2011

EN ARGENTINA, EL HAMBRE ES UN CRIMEN



En un país que produce alimentos suficientes para nutrir a 400 millones de personas y cuyo gobierno impone enormes retenciones en dólares a las exportaciones agropecuarias, resulta inconcebible que un solo ser humano muera por hambre.
Ayer en Tartagal, Salta, murió un niño desnutrido. Su hermanito agoniza por el mismo flagelo. En los últimos dos años, en la patria, murieron al menos 28 seres humanos por falta de comida.
Si denominamos moral al conjunto de principios y creencias de una persona o grupo social, los cuales orientarán sus ideas en torno del bien o del mal de su actos, entonces deberíamos plantarnos ante esta muerte y como sociedad interrogarnos:
¿Es moral o inmoral que un niño muera por hambre?
Si la respuesta es: INMORAL, esa muerte es un crimen y como tal tiene responsables. Los autores por acción u omisión se encuentran en el vértice de la pirámide del poder político.
No hay persona de bien que pueda mirar hacia otro lado frente a esta violencia.
Porque, digámoslo con vehemencia, si el hambre es un crimen, todo crimen es violencia inmoral y semejante inmoralidad, desencadenada contra un solo argentino, inhabilita cualquier discurso sobre las virtudes de tal o cual modelo económico.
De existir la vergüenza, ella obligaría mandarse a mudar de un cargo público deshonrado ante tamaña afrenta.
Pero en esta Argentina devaluada, el estado pasó a ser un sirviente de la corrupción, del crimen, de la anomia.
Y hasta que truene el escarmiento, la moral y la vergüenza, como decía el tango, la seguirán dando por moneditas.