La frase del título estriba en una leyenda del siglo XIII, al parecer escrita por Jacobo de Vorágine, arzobispo de Génova, y que refiere a San Pedro, cuando huyendo de Roma por las persecuciones de Nerón del año 64, se encontró a Jesucristo, quien le hizo esa pregunta: ¿A dónde vas, señor?
Igual pregunta deberíamos formularnos los argentinos, ya que asistimos a tiempos decadentes y no sabemos a dónde iremos a parar. El país atraviesa una crisis social, económica y política singular.
* Hay crisis social porque la educación, la salud, la seguridad, el respeto de la ley y sus pautas morales son despreciadas sin tino, sin discreción ni miramiento, desde la cabeza del estado.
* Hay crisis política pues no existe conducción estratégica y el gobierno está poblado por un gabinete de ministros incompetentes.
* Hay crisis económica pues se hace de la mentira un axioma. Estadísticas falseadas, falta de inversión, ausencia de reglas de juego económicas, ocultamiento de una las mayores inflaciones del mundo y una pobreza mal subsidiada y espantosa, son algunos de los ejemplos que brotan a diestra y siniestra.
¡Solo el trabajo dignifica! Pero... ¿Que saben de ello los que han pasado por la función pública para enriquecerse?
Asistimos al ocaso de un régimen que le ha causado a la nación males enormes.
Un régimen que ha generado enfrentamientos innecesarios, ha envenenado de corrupción el tejido social y desde un fundamentalismo revanchista, ha fosilizado su percepción de la historia, enarbolando banderas de reivindicación del accionar terrorista, el mismo que ensangrentó al gobierno democrático del General Perón y que dio pie a la feroz represión genocida de la dictadura militar.
Hoy como ayer, perdieron tiempo y oportunidades históricas para engrandecer al país y darle felicidad duradera al pueblo. De ahí a perder el rumbo no había más que un paso… y ya lo dieron.
Parafraseando al monje dominico, debemos preguntarnos: ¿Quo vadis, Argentina?

