Espacios donde lo imaginario y lo real se entremezclan, que otra cosa no es, ese raro fenómeno humano que denominamos Arte. © Todas las obras de Eduardo Protto publicadas en esta web están registradas. Su uso indebido será sancionado.
viernes, 11 de marzo de 2011
Argentina: Un reloj que atrasa
Cuarenta años atrás el poder del mundo estaba dividido entre dos superpotencias: La Unión Soviética y los Estados Unidos, armadas hasta los dientes con bombas atómicas y sus respectivos postulados ideológicos, sostenidos de cada lado tanto por las ideas comunistas de Karl Marx como por las capitalistas de Adam Smith.
En la periferia del planeta, más precisamente en Argentina, la división se reproducía en otros términos. Se discutía la recuperación o no de la democracia, el desarrollo o no del país según los esquemas históricamente establecidos, y sobre todo la hegemonía política, con o sin el Peronismo de Perón.
El Movimiento del General, eternamente infiltrado por izquierda y por derecha, una vez más se acercaba al poder. Los sectores populares y las instituciones sindicales acataban el ideario de su creador. Los cuerpos extraños, las formaciones especiales, como se dio en llamar a los grupos armados que resistían a la dictadura, tenían otros planes, inspirados en los apotegmas emanados de Moscú, Pekín o La Habana.
Pretendían hacer del Peronismo lo que nunca fue o sería. Y además creyeron que Cámpora, vicario de Perón, lo sería de ellos. La tragedia de semejante dislate se insinuaba en el horizonte. Luego sucedió lo que muchos saben y otros no saben o no quieren saber: La violencia de facciones y su desprecio por la voluntad popular de vivir en paz en el marco de la Constitución.
En unos pocos días más, Héctor Cámpora cumpliría 102 años, y de estar vivo lo llevarían, a como diera lugar, al acto programado por el gobierno y La Cámpora, una agrupación liderada por Máximo, hijo de la Presidenta, muy ocupado en obtener cargos oficiales para sus subordinados y en la gerencia de los inmensos negocios económicos que su finado padre fundara, ahorrando peso sobre peso, de aquellos magros sueldos cobrados durante su dilatada carrera de funcionario público. Pero como si eso fuera poco, también se encarga, junto con su mamá y sus colaboradores en la Casa Rosada, de atrasar puntillosamente el reloj de la historia argentina.
Olvidan que ni el mundo es el que era, ni los argentinos tampoco.
Equívocamente pretenden que creamos que ellos son los herederos de una falsa épica heroica, los abanderados de aquella siniestra juventud dorada, montonera y camporista, que según nos mienten, soñaba una Argentina feliz, presidida por Heidi.
Para ello han maquillado a la anacrónica banda de sicarios, signados por el terror, la violencia y el robo, en un puñado de idealistas inmaculados.
¿Pretenderán que olvidemos sus crímenes, como el asesinato de José Rucci el 31 de Julio de 1974?
¿Quién lo sabe? Esto es Argentina y aquí todo puede suceder.
Hoy el oficialismo volverá al pasado. Muchos de sus obsecuentes a sueldo estarán contentos. Cualquier cosa es mejor con tal de no gobernar pensando en las generaciones futuras.
