lunes, 25 de agosto de 2008

Il Gatopardo

“Si vogliamo che tutto rimanga com´è,
bisogna che tutto cambi”.
Giuseppe Tomasi, príncipe di Lampedusa
(1896-1957)


Giuseppe Tomasi perteneció a la noble y antigua familia siciliana de los príncipes de Lampedusa, señores de Torreta y duques de Palma y Montechiaro.
Su infancia transcurrió en los palacios paternos de Palermo y de Santa Margherita Belice, por cuyas estancias fue aprendiendo el camino de la soledad y la compañía de los libros, también en ellas advirtió la decadencia de la aristocracia siciliana, su nostalgia y su escepticismo. La presencia todopoderosa de su madre lo marcó de por vida.
En 1915 viajó a Roma para estudiar leyes, fue reclutado y combatió en la Primera Guerra Mundial. Cayó prisionero de los austriacos en Hungría, de donde escapó en 1917.
De regreso a Palermo, se dedicó a la lectura de sus admirados Stendhal y Balzac, también viajó y frecuentó diversos círculos intelectuales de Europa, se casó, no demasiado felizmente, con una noble lituana, y finalmente tuvo un encuentro tardío con la creación literaria.
En efecto, a los 54 años de edad, y tres años antes de morir, escribió su extraordinaria novela Il Gatopardo, en la que relata la historia del príncipe Fabrizio de Salina, y de las vicisitudes sociales y espirituales que atraviesa, cuando se produce el derrumbe del antiguo orden en que había vivido, durante el reinado de Francesco II de Borbón, ante la avasalladora fuerza de Garibaldi y sus milicianos, que luchaban por la reunificación italiana, en torno a la corona de Vittorio Emmanuelle II, de la piamontesa casa de Saboya. Era el modo de permitir el tardío ascenso de la burguesía al poder. Don Fabricio, descendiente de los normandos, percibe el lento declinar de su clase y espera la inevitable ruina de su propia familia, y no mueve un dedo para salvarlas.
Así, digno e impasible, escucha a su sobrino Tancredi, adaptado a los nuevos tiempos, decir con fina ironía:
“Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie. Una de esas batallas en las que se lucha hasta que todo queda como estuvo. No queréis destruirnos a nosotros, vuestros padres. Queréis sólo ocupar nuestro puesto. Para que todo quede tal cual. Tal cual, en el fondo: tan sólo una imperceptible sustitución de castas".
La obra se desarrolla entre 1860 y 1910, y en ocho capítulos magistrales describe medio siglo de historia de los protagonistas.
Un gatopardo es por definición, en Italia un “felino de formas elegantes, similar al gato doméstico pero mucho más grande” aunque la criatura que evoca Lampedusa no pertenece al mundo natural, sino al exótico campo de la heráldica, ya que el blasón de los Lampedusa exhibía un leopardo rampante, denominado gattopardo en el sencillo decir de los campesinos de Torreta y Palma, feudos de la familia. Es a no dudarlo un símbolo autobiográfico del autor.
Un contemporáneo de Tomasi, Carl G. Jung, resume en sus palabras la filosofía del príncipe:
“Quien no comprende que el conocimiento debe convertirse en una obligación moral, deviene presa del principio de la fuerza, lo cual produce efectos dañinos no solo para los otros, sino para sí mismo”.
La novela, terminada poco antes de morir el príncipe, fue rechazada por las principales editoriales de Italia. Finalmente, merced al esfuerzo del tenaz y diligente Giorgio Basani, admirador de Tomasi, tuvo su publicación póstuma en 1958 por la casa editorial de Feltrinelli. Obtuvo un enorme éxito y ganó el Premio Strega en 1959. Está considerada como una de las cumbres de la literatura italiana del siglo XX.