jueves, 24 de marzo de 2011

LA MEMORIA


La memoria (del latín memoria) es la facultad psíquica por la cual se puede retener y recordar el pasado. Es, además de una función del cerebro, un fenómeno mental que permite al organismo codificar, almacenar y recuperar información.
El psicólogo W. James hizo una distinción formal entre memoria primaria y memoria secundaria (memoria a corto y memoria a largo plazo, respectivamente).
Es inconcebible abordar el estudio de la memoria sin el abordaje concomitante del fenómeno del aprendizaje.
El aprendizaje se define en términos de los cambios, relativamente permanentes, debidos a la experiencia pasada y la memoria es una parte crucial del proceso de aprendizaje, sin ella, las experiencias se perderían y el individuo no podría beneficiarse de la experiencia pasada.
Por tanto, puede definirse a la memoria como la retención del aprendizaje o la experiencia.
Hay días especiales que conmemoran hitos históricos o mitológicos. Si los que gobiernan decretan esos días como feriados, por lo general se los malinterpreta como festivos y los criollos que pueden, salen disparados de sus moradas, rumbo a algún sitio de la costa o de las sierras.
Sin embargo, el día en cuestión debería significar algo más que eso.
En esa inteligencia, instituir el 24 de Marzo como Día de la Memoria, resulta tan oportuno como podría serlo el 25 de Septiembre, el 23 de Diciembre o el 15 de julio.
Cada una de esas fechas son algunas de las piedras miliares que señalan los actos violentos que ensangrentaron la historia argentina, ya sea derrocando un gobierno democrático por los militares genocidas de horca y cuchillo, ya sea asesinando a dirigentes gremiales, soldados conscriptos o dirigentes políticos por las hordas asesinas de la subversión.
Ambas fueron abominables expresiones de la barbarie, con su carga intrínseca de desprecio por la voluntad popular. Guerrilla y Fuerzas Armadas se justificaron unas a otras para enlutar, con sus execrables procedimientos, al conjunto de la sociedad argentina y sembrar semillas de discordia que aún hoy germinan en el espíritu de algunos retardatarios..
La memoria nos señala que en 1976, los militares genocidas se constituyeron motu propio, una vez más, violentamente, en custodios del ser nacional.
Esa misma memoria nos refiere también que los asesinos de la guerrilla, se proclamaron, motu propio, en plena democracia, custodios de una patria socialista que nadie había votado. Unos y otros deberían ser recordados siempre, no tan solo el Día de la Memoria y construir el necesario aprendizaje que impida, a las generaciones futuras, resucitar el horror metodológico de suplantar los argumentos de la razón y la tolerancia civilizada, por el fuego de las armas y su secuela de muerte y espanto.
Y digamos con voz argentina que la Memoria sin Aprendizaje es y será una cáscara sin fruto. En suma, un acto inútil.

miércoles, 23 de marzo de 2011

LA MEDUSA

                                   

En la mitología griega, Medusa era una de las tres monstruosas gorgonas, que volvía de piedra a aquellos que la miraban. En lugar de cabellos tenía serpientes, como bien la pintó el Caravaggio.
En las sociedades modernas, una de las formas más obscenas de la demagogia es la falsedad histórica, Gorgona al fin, porque, metafóricamente, petrifica la memoria.
Entre las tantas falacias que se han forjado y que seguramente se forjarán en los 2920 días que sumarán los ocho años de gobierno Kirchnerista, resulta particularmente humillante para la inteligencia colectiva, la pretensión de presentar el advenimiento de Héctor Cámpora a la Presidencia de la nación como una bisagra política digna de encomio.
Nada más alejado de la verdad.
Cámpora asumió, en tanto que vicario de Perón, la primera magistratura de la república sin otras condiciones políticas que una ilimitada obsecuencia y su personalidad anodina. La incompetencia resultante se manifestó desde sus primeros actos de gobierno, cuando entornado por las facciones ultras, en particular el montonerismo y otros grupos subversivos, permitió las violentas revueltas de revanchismo estéril, alejadas del espíritu de concordia nacional que Perón pretendía. El desmadre en la Plaza de Mayo por parte de los violentos, el día de la asunción y un decreto presidencial firmado a los apurones, el cual habilitó a las formaciones especiales (Montoneros. ERP. FAR) para abrir a balazos la cárcel de Devoto, permitiendo la salida indiscriminada de delincuentes de todo tipo son tan solo dos ejemplos, el inicio por así decirlo, de lo que hoy se disfraza de primavera camporista. A decir verdad, fueron 49 días de tempestad social.
A poco de asumir, Cámpora viajó a Madrid para acompañar a Perón en su viaje de regreso al país. En tales circunstancias toda su gestión de gobierno fue severamente juzgada y despreciada por el general, privándolo de su trato y posteriormente separándolo, renuncia mediante, del cargo para el cual había sido elegido. También fueron echados de la Plaza los desmesurados que pretendían una patria socialista por la que nadie había votado.
De ahí en más el accionar subversivo, despreciando al pueblo y a la democracia arduamente conquistada, ensangrentaría el gobierno de Perón hasta su muerte y por largo tiempo más, sus asesinatos y su violencia feroz, darían argumentos para acabar con la voluntad popular y dar inicio a otro terrorismo igualmente espantoso: El terrorismo de estado.
Ambos fueron dos horrendas serpientes en la cabeza de una misma medusa, autoritaria, violenta y feroz, que aún pervive, alimentada por un puñado de falsarios y los necios útiles de siempre.
Hasta la fecha, solo fueron juzgados los terroristas de un bando. Es tiempo que los argentinos enfrentemos nuestras lacras, nos pongamos de pie y de cara al futuro resolver de una vez por todas, en paz, en orden y con trabajo, los graves problemas que nos aquejan.
Deber, honor y patria conforman el espíritu social que nos conducirá a un país mejor.

viernes, 11 de marzo de 2011

Argentina: Un reloj que atrasa



Cuarenta años atrás el poder del mundo estaba dividido entre dos superpotencias: La Unión Soviética y los Estados Unidos, armadas hasta los dientes con bombas atómicas y sus respectivos postulados ideológicos, sostenidos de cada lado tanto por las ideas comunistas de Karl Marx como por las capitalistas de Adam Smith.
En la periferia del planeta, más precisamente en Argentina, la división se reproducía en otros términos. Se discutía la recuperación o no de la democracia, el desarrollo o no del país según los esquemas históricamente establecidos, y sobre todo la hegemonía política, con o sin el Peronismo de Perón.
El Movimiento del General, eternamente infiltrado por izquierda y por derecha, una vez más se acercaba al poder. Los sectores populares y las instituciones sindicales acataban el ideario de su creador. Los cuerpos extraños, las formaciones especiales, como se dio en llamar a los grupos armados que resistían a la dictadura, tenían otros planes, inspirados en los apotegmas emanados de Moscú, Pekín o La Habana.
Pretendían hacer del Peronismo lo que nunca fue o sería. Y además creyeron que Cámpora, vicario de Perón, lo sería de ellos. La tragedia de semejante dislate se insinuaba en el horizonte. Luego sucedió lo que muchos  saben y otros no saben o no quieren saber: La violencia de facciones y su desprecio por la voluntad popular de vivir en paz en el marco de la Constitución.
En unos pocos días más, Héctor Cámpora cumpliría 102 años, y de estar vivo lo llevarían, a como diera lugar, al acto programado por el gobierno y La Cámpora, una agrupación liderada por Máximo, hijo de la Presidenta, muy ocupado en obtener cargos oficiales para sus subordinados y en la gerencia de los inmensos negocios económicos que su finado padre fundara, ahorrando peso sobre peso, de aquellos magros sueldos cobrados durante su dilatada carrera de funcionario público. Pero como si eso fuera poco, también se encarga, junto con su mamá y sus colaboradores en la Casa Rosada, de atrasar puntillosamente el reloj de la historia argentina.
Olvidan que ni el mundo es el que era, ni los argentinos tampoco.
Equívocamente pretenden que creamos que ellos son los herederos de una falsa épica heroica, los abanderados de aquella siniestra juventud dorada, montonera y camporista, que según nos mienten, soñaba una Argentina feliz, presidida por Heidi.
Para ello han maquillado a la anacrónica banda de sicarios, signados por el terror, la violencia y el robo, en un puñado de idealistas inmaculados.
¿Pretenderán que olvidemos sus crímenes, como el asesinato de José Rucci el 31 de Julio de 1974?
¿Quién lo sabe? Esto es Argentina y aquí todo puede suceder.
Hoy el oficialismo volverá al pasado. Muchos de sus obsecuentes a sueldo estarán contentos. Cualquier cosa es mejor con tal de no gobernar pensando en las generaciones futuras.

jueves, 3 de marzo de 2011

Politiquería y Teatralidad



El diccionario de la Real Academia Española define la Inteligencia como la capacidad de entender o comprender e Intelecto como entendimiento, potencia cognoscitiva racional del alma humana. Es decir lo que está en calidad de posible y no de acto.
En estos días que corren asistimos a la paradoja de intelectos sin inteligencia y podría resultar tema de análisis si no existiera la presunción de que es una mise en scène tendiente a simular, actuar o representar, por parte del poder ejecutivo, una mesura, una cordura y un equilibrio demagógico-electoral que se contrapone a todo lo actuado a lo largo y ancho de su gobierno.
En efecto, la inquisitoria reacción de un puñado de asalariados de la claque, que autoproclaman su condición de intelectuales, incluido el director de la Biblioteca Nacional, a raíz de la invitación que le cursaran los responsables de la Feria del libro al escritor Vargas Llosa, puso en evidencia un anacrónico fervor de Dominicos, dispuestos a quemar en una hoguera al escritor peruano, a quien acusaron de Premio Nobel hereje por estar al servicio de la derecha.
Inmediatamente, cual Sarah Bernhardt del subdesarrollo, apareció en el proscenio la Sra. Presidente, en el personaje de Maestra Ciruela, y retando a los guarangos, les indicó que hay que ser amables con todos. A no dudarlo asistimos a una pobre teatralidad dirigida a los ingenuos de siempre, que olvidando el pasado verían un presente de Cristinismo última moda, pleno de filosofía democrática. ¿Será eso posible?
En idéntica variante se inscribe el severo llamado de atención a una diputada de cuyo nombre es mejor no acordarse, quien en su exaltada obsecuencia proponía una Cristina Eterna. A tamaño dislate se opondrían, creemos, las leyes de la naturaleza y de la Constitución Nacional.
Eternidad, izquierdas, derechas son los temas que proponen los metabolitos intelectuales del montonerismo setentista.
No estaría demás concluir recordando a quien fuera un verdadero intelectual, y así refutar a estos vernáculos pensadores de pacotilla.
Decía José Ortega y Gasset "Ser de izquierdas, como ser de derechas, es una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil; ambas, en efecto, son formas de hemiplejia moral".