martes, 2 de junio de 2009

UN GENIO ATORMENTADO

Nikolái Gogol
1809-1852

En qué espantoso mundo vivimos, caballeros.
N.G.

Gogol vivió apenas 42 años y sin embargo, pese a la cortedad de su existencia, el legado de su obra lo ubica entre los grandes escritores rusos y entre los primeros de la literatura universal. Nació en Ucrania, de ancestros polacos, en el seno de una familia de la baja nobleza rural. A poco de cumplir los 20 años, viajó a San Petersburgo donde al no encontrar conchabo en la burocracia zarista, se empleó en la universidad como profesor de Historia.
Sus primeras publicaciones fueron exitosas, tal el caso de las Veladas en la finca de Dikanka y Mirgorod, ambos títulos del año 1832. Mirgorod, compuesto de cuatro relatos, incluye el célebre poema épico Taras Bulba. Su prosa, plena de humor, realismo e ingenio le valió fama y críticas feroces.
Destacó como dramaturgo con su comedia El Inspector general, que lo enemistó con la censura y lo habilitó para su larga estancia en Roma, donde produjo la novela Almas muertas, su obra maestra. Fue este libro modelo e inspiración para varias generaciones de escritores. En él describe de modo magistral las andadas del consejero colegial Pável Ivanovich Chichikov, truhán y estafador sin límites que se apropia de títulos de propiedad de sirvientes muertos. La calidad de su texto sitúa esta novela en los umbrales de la literatura moderna.
En 1842 publicó uno de sus relatos cortos más celebrados: El capote, que relata las peripecias de un funcionario, víctima de las injusticias tan frecuentes en la cruel sociedad rusa de esos tiempos.
Gogol, preso de obsesiones místicas, inmerso en una profunda crisis espiritual, en 1848 peregrinó a Tierra Santa en busca de respuestas que no encontró.
Al borde de la locura, poco antes de morir quemó gran cantidad de escritos, entre ellos los originales de la segunda parte de Almas muertas, acaso ensimismado en culpas delirantes por la obra realizada.
Así suele ser la vida de aquellos que ungidos por el azar con el don de crear belleza, a veces, al movilizar fuerzas y materiales extraídos de canteras situadas en las profundidades del alma humana, arrastran desde ese psiquismo oscuro, los fragmentos, inservibles por despedazados, del equilibrio y la mesura indispensable para la vida del así denominado hombre común.
Iván Turguenev, el maravilloso dramaturgo y novelista, considerado el más europeo de los escritores rusos, escribió en el obituario de la Gaceta de San Petersburgo:
“... ¡Gogol ha muerto!...
¿Qué corazón ruso no se conmociona por estas tres palabras?...
Se ha ido, el hombre que ahora tiene el derecho,
el amargo derecho que nos da la muerte, de ser llamado grande...”

Las autoridades encargadas de la censura no aprobaron este homenaje póstumo, pero Turguenev se las ingenió para publicarlo. Ello le valió al joven talento un mes de prisión y dos años de destierro. En efecto durante el despótico reinado del mediocre zar Nicolás I, el clima político de Rusia, fértil para espías e informantes de un terrorífico aparato represivo, devino agobiante para muchos, en particular para los intelectuales. Como se advierte, de lejos provenían las raíces de la hiedra opresiva del Stalinismo que tanto oprobio generara en el siglo XX. La autocracia zarista, ciega, plena de despotismo y violencia para sostenerlo, sembró cizañas que aún hoy se cosechan.
Así fueron las cosas…

viernes, 19 de diciembre de 2008

EL SUCESOR DE CASANOVA


Porfirio Rubirosa

Había nacido en 1909 en San Francisco de Macorís, pequeña ciudad cercana a Santo Domingo, en la República Dominicana. Hijo de un militar dominicano, pasó su niñez y adolescencia en París, cuando su padre fue nombrado Consejero en la sede diplomática de Francia.
Simpático, educado, deportista y buen mozo, aunque algo petiso, regresó a su patria en 1926 y se enroló en el ejército donde pronto fue ascendido a Capitán. Buen jugador de polo, llamó la atención del dictador Leónidas Trujillo quien lo incorporó a su cuerpo de ayudantes. En 1932 conquistó y se casó con la hija del Generalísimo, llamada Flor de Oro. Se iniciaba la fulgurante carrera de uno de los personajes más famosos de la vida mundana durante las siguientes tres décadas.
Le decían Rubi y lo que de sus cosas sabemos proviene, aparte de sus memorias inconclusas, de los comentarios siempre halagüeños de sus esposas y amantes, y de la tinta que biógrafos y periodistas han derramado tras sus pasos. De su estampa nos cuentan las fotos, ya montando sus caballos de polo, ya piloteando el legendario avión B25 con Zsa Zsa Gabor a su lado, ya al volante de la Ferrari Nº 33 en alguna carrera de fuste, o elegantemente vestido junto a alguna damisela, con su perpetua cara de pícaro en alguna de aquellas memorables veladas que endulzaron su existencia.
El primer y oportuno casamiento le permitió acceder a relevantes misiones diplomáticas. Se registró su paso en las legaciones de Berlín, Buenos Aires, Bélgica, Francia y finalmente en la Cuba prerrevolucionaria, aunque la mayor parte de su vida transcurría en París. “Será un gran diplomático, porque tiene gracia para la mujeres y además es un gran mentiroso”, dijo Trujillo al designarlo en los Asuntos Exteriores. El respondía: “Estoy muy ocupado para poder trabajar”. Exageraba, en Estados Unidos y Europa hacía buenos negocios para él y su suegro.
Farrista y mujeriego, su vida fue un incesante festín en los espacios más resplandecientes del planeta. Aunque separado de su primera esposa en 1937, no perdió por ello el favoritismo de Trujillo. Era útil al régimen. Se casó en 1942, en la Francia ocupada por los nazis, con Danielle Darrieux, la actriz francesa más bella y cotizada de esos años. Rubi, perpetuo embajador, tuvo el honor de ser arrestado por la Gestapo durante 6 meses, lo cual resultó un atractivo más para su magnética personalidad. Al ser dejado, en libertad la pareja se marchó a Suiza.
Por esos tiempos ya había delineado su personaje: Porfirio Rubirosa, el sucesor de don Juan y de Giacomo Casanova. El “Hombre de placer”, como él gustaba llamarse.
A principios de 1947 conoce en Roma a la multimillonaria Doris Duke, que por entonces se entretenía haciendo de reportera para las revistas Time y Vanity Fair, pese a ser la heredera de una de las mayores fortunas de EE.UU. Fascinada por el hombre, antes de partir le dejó una nota que decía: “Cuando termines con Danielle, llámame”. Naturalmente la llamó y en septiembre de ese mismo año se casaron, previo abultado cheque que la ricachona extendió a la actriz para que firmara sin chistar el divorcio.
La nueva consorte era generosa, le regaló a su marido una plantación de café en República Dominicana, un establecimiento de cría de caballos de polo, un bombardero B25 acondicionado como palacio aéreo, que Rubi alegremente piloteaba, además de la mansión parisina de la rue Bellechasse, en el que vivían y donde recalaban personalidades como el Ali Khan, John Kennedy o Frank Sinatra.
Por supuesto todo ello no mermaba su afición indeclinable por las damas. Rita Hayworth, Gene Tierney, Verónica Lake, Ava Gardner, Dolores Del Río, Jayne Mansfield, Kim Novak, Marilyn Monroe, Ertha Kitt, Eva Gabor y su hermana Zsa Zsa entre otras, eran visitantes frecuentes de su alcoba, sin mencionar a decenas de aristócratas, incluida la reina Soraya de Irán y una legión de damas de la alta sociedad que caían bajo su embrujo.
“Tu sientes que este hombre va a romper paredes, derribar montañas, tomar al mundo para alcanzarte” dijo la actriz húngara Zsa Zsa Gabor.
Su reputación lo precedía y era famosa la guaracha que decía:
¿Qué será, que será, que será la cosa que tiene Rubirosa?
La respuesta acerca de La cosa surgió de diferentes testimonios. Así, Truman Capote escribió en su libro “Answered Prayers”: “El principal atributo de Rubi es una macana café con leche de once pulgadas, tan gruesa como una muñeca de hombre”. Y digámoslo de una vez, Capote era un experto en esas cuestiones.
Hasta el día de hoy, en algunos restaurantes de París se denomina "El Rubirosa" al molinillo de pimienta.
Aficionado al box y a los aviones, tenía su equipo de polo: el Cibao-Pampa, con el cual jugaba en las mejores canchas del mundo. Poseía también su propia escudería de autos, con la cual corrió grandes premios, como aquel de Le Mans de 1950, cuando la Ferrari 166MM de Rubi corría pegada al Simca-Gordini de Juan Manuel Fangio. Era su época de oro y se dice que gastaba en sus gustos unos dos millones de dólares por año, lo que equivaldría a unos 25 millones de la actualidad.
“La mayoría de los hombres viven para ahorrar dinero, yo vivo para gastarlo” dijo alguna vez.
Al cabo de 14 meses, el matrimonio con Doris se acabó. Ella le regaló medio millón de dólares y una renta vitalicia de 25.000 al año mientras estuviera soltero.
No la cobró por mucho tiempo. Dos años después se casó con la ex esposa de Cary Grant, la millonaria Bárbara Hutton, heredera del imperio Wolworth
¡Ella le dio a Rubi, durante los 73 días que duró el vínculo, unos tres millones de dólares en efectivo, además de un nuevo avión, una hacienda en la República Dominicana, y 20 yeguas de polo del mejor pedigree!
Rubi justificó el divorcio diciendo: “Esa mujer quiere estar todo el día en la cama, criticando mi estilo de vida".
Volvió a las andadas hasta que en 1955 conoció a la modelo y actriz francesa Odile Rodin, de 19 años, con la que empezó a recorrer su madurez. Tras el asesinato de Trujillo en 1962, Rubi perdió todos sus privilegios y la próspera inmunidad diplomática, campo fértil para sus trapisondas. En el horizonte se dibujaban las nubes de la estrechez económica y la vejez.
La política y el mundo cambiaban, la marea de las circunstancias que ayer lo elevara hoy lo descendía.
Como un estoico, fiel a su lema “Antes muerto que aburrido”, de regreso de un festejo con su team de polo, por la obtención del Campeonato de Francia, a eso de las siete de la mañana del 16 de julio de 1965, se fue de la vida. Tenía 56 años.
Porfirio aceleró la hermosa Ferrari descapotable de color gris y en la soledad final, la estrelló contra un árbol de la Avenida Reina Margarita, en el Bois de Boulogne de su amado Paris.

martes, 25 de noviembre de 2008

SEBASTIANO DEL PIOMBO

Sebastiano del Piombo
1485-1547
Un talento florecido entre Rafael y Miguel Angel



Retrato de Cristóbal Colón


Sebastiano Luciani nació en Venezia en 1485, siete años antes que Cristóbal Colón descubriera América, y a quien siete lustros más tarde retrataría en un maravilloso óleo que se aprecia en el museo Metropolitano de New York.
Discípulo de Bellini y de Giorgione, sus primeras pinturas del período veneciano registran la influencia de aquellos maestros, el color y la serenidad de las figuras.
En 1511, invitado por el el sienés Agostino Chigi, poderoso banquero al servicio del papado, el mismo que se hiciera construir por el divino Rafael su capilla en la iglesia de Santa María del Popolo, en Roma Le encomendó entonces a Sebastiano algunos frescos de la sala denominada La loggia de Galatea, en su hermosa Villa del barrio del Trastevere, construída entre 1505 y 1511 por el arquitecto Baldasarre Peruzzi, hoy conocida como La Farnesina, al ser comprada en 1577 por el poderoso Cardenal Alejandro Farnese.
Sebastiano llegó a ser entre 1519 y 1530 el primer pintor de Roma. Los retratos sabiamente perfilados, la expresividad de rostros y manos, el suave color de los cuadros, todo en ellos resuma maestría y se denomina a la obra de esta época del período romano, donde combina la luz de la pintura Véneta con la monumentalidad por entonces de moda en la ciudad eterna. Se advierte en estas pinturas la influencia desprendida del trato y la colaboración con Rafael primero y con Miguel Angel después.
Ambos genios renacentistas valoraron su arte y por ambos fue admirado, a pesar de las desavenencias personales que luego sobrevinieron. En efecto, enemistado con Rafael primero, también en 1534 rompió relaciones con Miguel Angel, al negarse éste a pintar al óleo El Juicio Final de la Capilla Sixtina, tal como Sebastiano le había aconsejado al Papa.
Buonarroti argumentó que el óleo era una pintura para mujeres o haraganes como Sebastiano, y que el prefería el fresco. Así lo hizo para su gloria.
En 1537, Sebastiano fue premiado por una sinecura papal, sumamente codiciada y remunerativa cual era la Piombatura Pontificia, consistente en custodiar los sellos de plomo del pontífice, Piombo en italiano, de allí el sobrenombre con el cual la historia del arte lo registra hoy en día.
La seguridad y los honores del cargo apocaron su ímpetu creativo y amenguó el caudal de sus pinturas, como si la necesidad fuera un acicate para la inventiva.
Son numerosas sus obras maestras, como la Piedad de Viterbo, el Retrato de Clemente VII, el Retrato de Andrea Doria, la Resurrección de Lázaro, La Fornarina además de sus frescos diseminados en bellas capillas de Roma y Venecia.
Se fue de la vida en el año 1547.

martes, 4 de noviembre de 2008

FRANÇOIS VILLON - El primero de los poetas malditos


François Villon
Paris 1431-1463

Van los príncipes a la muerte, igual que el clérigo y el siervo. F.V.


En el año 1888, Paul Verlaine publicó en prosa poética su obra Los Poetas malditos. Honraba en ella a Tristan Corbière, Arthur Rimbaud, Stéphane Mallarmé, Marceline Desbordes-Valmore, Auguste de L´Isle Adam y Pauvre Lelian (anagrama de Paul Verlaine), y es dable conjeturar que no pensó en aquel otro poeta francés de humildísimo origen, que con cuatro siglos de antelación, era también merecedor de ese calificativo y esa honra.
Cuando se intentó rescatar del olvido a la literatura medieval, opacada por el desprecio con que la consideraron los artistas del renacimiento, François Villón apareció, indiscutido y admirado, como el único gran poeta de Francia durante esos años oscuros.
Nació como François de Montcorbier, en el año 1431, en medio de los horrores, las hambrunas y las pestes que dejaba tras de sí la Guerra de los Cien Años. Cuando contaba once años, al morir su padre, fue encomendado a los cuidados de la comunidad religiosa de Saint-Benoît le Bétourné, dirigida por el eclesiástico y doctor en derecho canónigo Guillaume de Villon, cuyo apellido adoptaría más tarde François, en reconocimiento a la ayuda que aquel le prestara. En efecto cuidó de su educación y le facilitó el ingreso a La Sorbonne para realizar estudios y obtener, en 1452, el título de Maestro en Artes. François de Montcorbier, el futuro autor del Testamento, también fue un clérigo y ocupó en la jerarquía feudal ese rango aventajado, al depender de la justicia eclesiástica (más indulgente que la justicia ordinaria) estar exento de impuestos, acceder a cargos y aspirar a modestos beneficios.
Con talento para la poesía, fue también un espíritu marginal, turbulento, indisciplinado, inclinado a la violencia, el robo y el asesinato. Frecuentador de tabernas y prostíbulos, truhán, jugador y pendenciero, se forjó una leyenda negra que le granjeó en el siglo XIX, las simpatías de los escritores del Romanticismo y prevaleció en su fama esa conducta anómala sobre la auténtica calidad de su obra, la cual, aunque de intrincada trama, está inserta en la época histórica en que la produjo, e iba dirigida por lo general a sus cómplices. Inspirada en oscuros personajes del siglo XV, es una poesía indudablemente bella.
Cuando en 1496 el poeta Clément Marot editó la obra de Villon, se la presentó al rey de Francia con estas palabras:
“Es el mejor poeta que podáis encontrar. En lo tocante al arte e ingenio de los legados de sus Testamentos, para poder apreciarlos y comprenderlos habría que haber vivido en su tiempo en París y conocido los lugares, las cosas y los hombres de que habla: cuanto más se borre el recuerdo de éstos, menos se conocerá el arte e ingenio de los legados mencionados”
Su existencia, aunque purificada por el arte, sería un continuo desatino, mató a un sacerdote en una riña, robó, fue encarcelado, luego condenado al destierro y finalmente a la horca. Al parecer su pena fue conmutada hacia el año 1461. Regresó a París en 1463 y allí su rastro se pierde para siempre.
Nos queda de su obra: El Gran y el Pequeño testamento, las baladas y otros poemas verdaderamente interesantes, cuyos títulos fueron póstumamente inventados por el citado Marot.

He aquí algunos pasajes de su pluma:

Balada de los señores de antaño

Nadie triunfa sobre la muerte,

ni la detienen los palacios.

Una pregunta me atribula:
¿Aquel rey de Bohemia, Lazlo, dónde está?
¿Dónde está su abuelo?Y más aún…
¿Dónde está el bravo Carlomagno?


Balada en vieja lengua francesa

Porque también el Santo Padre,
con armiño cubierto,
ceñido con estolas santas
con las que toma por el cuello
al diablo que maldad segrega,
muere igual que un pobre lego
al que una brisa suave lo arranca.


Balada de la Bella Armera

Creo estar oyendo quejas de la que fue la Bella Armera;
cómo quisiera aún ser joven...
Parece hablar de esta manera:
¿Por qué tan pronto me venciste,
vejez cruel y traicionera?
¿Qué me detiene a hundir el hierro
que borraría mis miserias?

lunes, 8 de septiembre de 2008

MEMORIAS de Giacomo Casanova


HISTORIA DE MI VIDA
Giacomo Casanova
1725-1798

Reiréis cuando veáis que no he tenido escrúpulos para engañar a los alocados, los granujas y los tontos cuando me era preciso. Por lo que toca a las mujeres, se trata de engaños recíprocos que no entran en la cuenta, porque cuando el amor se mete por medio, es cosa común que los unos engañen a los otros.
G. C.



Hijo de un matrimonio de actores, Giacomo Casanova nació en Venecia en 1725. Se inició como seminarista, estudio teología, filosofía y leyes en Padova. Dejó los hábitos y fue secretario de embajadores y cardenales. Atravesó incansablemente la Europa del siglo XVIII, en una insaciable búsqueda de aventuras y empleos que le procurasen dinero. Fue Francmasón, cabalista, espía, mago, soldado, músico y libretista de óperas. Ganó fortunas y las dilapidó. Acosado por la Inquisición, estuvo prisionero en la Veneciana cárcel de Los Plomos, de donde escapó de modo espectacular. Padeció a lo largo de su existencia otros encarcelamientos menores por deudas y hechicerías.
Su fama de libertino y aventurero inescrupuloso lo precedía en sus continuos viajes. Frecuentó la corte del rey de Francia y cultivó la amistad de seres prominentes como Mozart, Voltaire, el príncipe de Ligne, Catalina de Rusia, el rey de Polonia, los reyes de Prusia y el Papa Clemente XIII, quien lo hizo caballero de la Orden del Espíritu Santo.
Jugador empedernido, y amante fervoroso, fueron estas dos facetas la que han opacado al espíritu brillante que él encarnaba. En efecto, Casanova nos ofrece en sus obras y principalmente en la Historia de mi vida, una colorida pintura de la sociedad del siglo de las luces. El ambiente europeo de la aristocracia y la alta burguesía que el visitaba. Esa época del denominado Ancien Règime, que precedió a la revolución francesa, es relatado por Casanova con minuciosa exactitud.
Hacia 1790, cercado por la pobreza, achacado por la vejez, Giacomo recala en Checoslovaquia. En la ciudad de Dux deviene bibliotecario del conde Josef Karl Waldstein, masón y aficionado a la magia como él, lo acoge en su castillo. No fueron esos años felices para Casanova, quien probablemente afectado por una depresión, se aboca en 1792 a escribir sus memorias.
Fue esa sin duda, una decisión afortunada. Encontró en esta última tarea, sosiego para sus males y un sitio imperecedero entre los grandes literatos de lengua francesa, ya que escribió en ese idioma para asegurar la difusión de su obra. Los manuscritos tuvieron un destino agitado, como la vida de su autor. Sufrieron mutilaciones diversas hasta que los originales fueron rescatados y, salvo algunos capítulos perdidos, nos ofrecen, en las ediciones actuales, la autenticidad de la pluma de Casanova.
Estas memorias son en suma, además del relato pormenorizado de viajes y aventuras galantes, la biografía de un gran hombre de mundo, enamorado de la vida. . Dos siglos más tarde, el lector es sorprendido por la modernidad de aquel hombre, curioso del mundo que lo circundaba, atento a sus mudanzas, nostálgico de una nobleza que a la que vanamente aspiraba. En ese sentido, hacia el último tramo de su vida acostumbraba hacerse llamar Chevalier de Seingalt.
Las mejores ediciones disponibles de las Memorias son:
Histoire de ma vie. Edition intégrale. 12 vols. in 6. Wiesbaden and Paris: F.
Histoire de ma vie; suivi de textes inédits. Preface, Francis Lacassin. 3 vols. Paris: Laffont, 1993.
The History of My Life. 12 vols. in 6. Trans. Willard R. Trask. Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1997.
Storia della mia vita. Ed. Piero Chiara and Federico Roncoroni. 3 vols. Milan: Mondadori, 1983-89.