Atque in inferno inferiori concrematus,
cum diabolo et omnibus deficiat impiis.
Pipino precisaba el reconocimiento de la iglesia para obtener la investidura real. El papa necesitaba del poder militar de los francos, para consolidar su reinado temporal en Italia.
El 28 de Julio del año 754, se legitimó la usurpación de la dinastía Merovingia establecida por Clovis. Aquel día domingo, en la abadía de Saint Dennis, el papa Esteban II consagró a Pipino el Breve, hijo de Carlos Martel y mayordomo palatino, como Rey de los Francos y Patricius Romanorum. Sus hijos Carlomán y Carlos, también fueron consagrados en la misma ceremonia, al igual que su madre Berta. El papa estableció de tal modo una continuidad entre la antigua unción de los reyes bíblicos y el nuevo rey Carolingio, al arrogarse la capacidad de traspasar la dignidad real de una dinastía a otra. Como contrapartida, el advenedizo se comprometía con el vicario de Cristo a intervenir en los asuntos italianos.
En esa inteligencia, Pipino cruzó los Alpes con su ejército, conquistó vastas regiones controladas por los Longobardos y las cedió al papado. Corría el año 756 DC y por esa alta trapisonda, la ciudad de Roma y la Italia occidental se constituyeron en los Estados pontificios.
Cuando siglos después, fue preciso justificar aquella innovación jurídica de Pipino y Esteban II, razón por la cual se recurrió al manido método medieval de fraguar un documento que retrotrajese en el tiempo la situación que se daba en el presente. Este fue el nacimiento del documento que ha pasado a la historia como la Donatio Constantini.
Constantino, en el año 324 derrotó a su colega Licinius y se convirtió en el único emperador del Imperio Romano de Oriente y Occidente.
Gustaba afirmar que su victoria en la batalla del Puente Milviano, de acuerdo a la lógica militar, le hubiera correspondido a su enemigo Magentius, pero debido a la adhesión a la fé cristiana, el triunfo fue suyo. Entonces se inició la edad de oro del papado. La religión se unió al poder imperial para desplazar a los otros credos. Finalmente en el 395 el emperador canceló la libertad religiosa en el Imperio, y la única fe permitida fue el cristianismo.
Apoyándose en ese contexto histórico, en el siglo VIII se redactó un decreto imperial apócrifo, atribuido a Constantino I, por el cual les donaba al papa Silvestre I y a sus sucesores la ciudad de Roma, las provincias de Italia y todo el Imperio Romano de Occidente.
Durante varios siglos, la autenticidad de la Donación de Constantino fue incuestionable, hasta que en el año 1440, el humanista Lorenzo Valla publicó la Declamitio de falso credita et ementia donatione Constantini, donde afirmaba que todo el documento imperial era un fraude y que estaba fundado en una serie de anacronismos históricos. Por caso, el edicto mencionaba a Bizancio como una provincia, cuando en el siglo IV era apenas una ciudad. Además refería templos romanos aún inexistentes y cosas por el estilo.
La denuncia de Valla demolía el pilar que sostenía la legitimidad de los Estados Papales y por ello sus escritos fueron reprimidos. Recién en el año 1517 pudieron aparecer en Alemania algunas copias de sus escritos. No obstante, aunque las pruebas eran contundentes, pasaron varios siglos antes que la iglesia reconociera su engaño.
Estos fueron los antecedentes en los cuales estribó el episodio protagonizado por el arquitecto Lucien Savarin, Restaurador en Jefe de la Oficina del Patrimonio Cultural Francés, cuyos detalles transcribo parcialmente, para ilustrar a los lectores de habla castellana sobre el asunto, según los publicara el eminente hombre en colaboración con René Betancourt, en el Nº 328, Pág. 9 de la Revista Arqueológica Europea.
“En ejercicio de mis funciones fui llamado a la vieja Abadía de Saint Denis, después Basílica -- donde están enterrados casi todos los reyes de Francia-- para emitir opinión sobre las posibles modalidades de restauración del sepulcro de Dagoberto I, el último gran rey merovingio entre 629 y 639, luego sucedido por los llamados “reyes holgazanes”.
La tumba estaba gravemente dañada, tanto por la enfermedad de la piedra caliza como por las excavaciones del año 1839 y algunas malas reparaciones de siglos anteriores.
Milagrosamente el núcleo de la tumba había escapado a los ultrajes de la Revolución, pero no a los del tiempo.
Una vez que medité el asunto, elevé a la superioridad el proyecto, el cual fue autorizado en tiempo y forma para llevar adelante las obras requeridas.
Los trabajos principiaron en Mayo de 1953. Debajo la losa sepulcral se hallaba el sarcófago de pórfido con los despojos del monarca. No hubo mayores contratiempos hasta que la base de una de las dos torrecillas laterales, cedió, amenazando derrumbarse. Fue preciso apuntalarla, consolidarla y nivelarla. Al excavar sus fundamentos, a unos sesenta centímetros de profundidad, apareció una caja de mármol de 45x30 centímetros que alojaba en su interior un cilindro de bronce con una cruz dorada en su tapa, el cual contenía un rollo de pergamino en buen estado de conservación, con legible y prolija escritura latina, que inmediatamente fue puesto a buen recaudo y posteriormente entregado al distinguido Profesor René Betancourt para su estudio.
Luego de escrupulosos análisis, Betancourt arribó a la conclusión que el manuscrito era obra del monje benedictino Teobaldo de Troyes, bibliotecario de la abadía de Saint Dennis y celebrado copista.
El texto afirmaba que Teobaldo, a sus 56 años, estaba abrumado por la culpa de haber cometido un pecado imperdonable. Relataba que en el año 789, compelido por el abad Saurès, debió redactar un pseudo decreto imperial del siglo IV, que según las palabras del superior “Multiplicaría el vigor de la iglesia para la gloria de Dios”. Afirmaba que para fraguarlo había utilizado el palimpsesto de una antiquísima escritura pagana y daba precisos detalles de cada uno de los veinte párrafos que constituían el edicto. Aseguraba estar abatido por la certidumbre de haber perdido su alma y que en la imposibilidad de lavar tales culpas hacía lo único que sabía: Escribir en íntima confesión su arrepentimiento, con la esperanza de ser perdonado por el Altísimo".
Paris, marzo 9 de 1954.
Nota del Editor:
Lucien Savarin dejó claro testimonio de haber soportado innúmeras presiones para que el documento hallado no fuera difundido. Algunos de quienes detentaban ya el poder temporal ya el secular, consideraban que la abadía de Saint Dennis, gloria de la Cristiandad, cuyo estandarte --- el “Oriflamme”-- fuera divisa de los reyes de Francia y en cuya tierra sagrada descansaban 38 de ellos, no merecía el ultraje de tales revelaciones.
En su calidad de libre pensador, Savarin resistió intrigas y amenazas, fue despojado de su cargo y pese a todo llevó adelante, con la colaboración de su amigo Betancourt, lo que el consideraba un deber irrenunciable: “Rendir tributo a la verdad y a los hombres como Lorenzo Valla, que se rebelaron contra el despotismo inmoral de la iglesia, arrojando un rayo de luz sobre sus innobles manejos”.
Savarin falleció en un accidente automovilístico, en las afueras de Orléans en Julio de 1954 sin que las causas del mismo fueran razonablemente aclaradas.
René Betancourt murió en Paris, en Septiembre de 1954. Según se desprende del informe policial: “Fue baleado tras resistirse a un robo en la rue Condorcet”. Los responsables del crimen no se identificaron y la investigación del caso quedó archivada.
El documento de Teobaldo de Troyes, hallado en la tumba de Dagoberto I, ya no se encuentra en los Archivos Nacionales y nada se sabe de él.
Espacios donde lo imaginario y lo real se entremezclan, que otra cosa no es, ese raro fenómeno humano que denominamos Arte. © Todas las obras de Eduardo Protto publicadas en esta web están registradas. Su uso indebido será sancionado.
miércoles, 22 de diciembre de 2010
martes, 14 de diciembre de 2010
VIENTOS DE FRONDA
La expresión del título debe su origen al vocablo francés Fronde (honda), aludiendo a las peleas con hondas de las masas descontentas de París con las autoridades que intentaban reprimirlas. Se extiende a toda revuelta o protesta que excede los márgenes previstos.
El viento de Fronda es siempre una alerta de gravedad, pero lo es más aún, cuando el gobierno de turno está atravesado por la perplejidad, la intriga, las conspiraciones de camarillas ministeriales y la ausencia de políticas nobles, fuere por impericia, por imprudencia o por negligencia.
Hacían bien los funcionarios veletas, únicos beneficiarios del régimen K, en llorar la muerte de Néstor Kirchner. Anticipaban, acaso sin saberlo, estos vientos que titulan la nota. Faltos del artífice de esta política demagógica, teñida de corrupción, violencia y despotismo, quedaron a la intemperie sus testaferros, apenas útiles para los negociados o para emular el rol del mandante, a quien en el fondo representaban.
Ahora estamos los argentinos, en un barco sin timón. O lo que es peor, en un barco en el que muchos se disputan el timón. De ahí la anarquía y las enormes contradicciones en la mera definición del problema.
Asistimos a la deserción de la fuerza pública para salvaguardar el imperio de la ley.
La falaz distribución del ingreso, el declamado respeto por los derechos humanos y toda la retórica de quienes pretendían tapar el sol con un harnero ha mostrado su espantosa presencia. La verdad siempre surge. Ahí están los pobres de toda pobreza, ahí están los tiempos perdidos y los dineros malgastados, olvidando las soluciones de fondo para los graves problemas argentinos.
Vivimos tiempos de anarquía y confusión, presente en los que mandan y deben hacer cumplir las leyes como en aquellos que no las obedecen.
La historia refiere que cuando llegó a Paris la noticia de la trágica retirada de Napoleón de Rusia, alguien le dijo a Talleyrand: “Es el fin” y el gran diplomático le respondió: “No es el fin... Es el principio del fin”
Puede que asistamos al principio del fin de una época nefasta, plena de mentiras, desaciertos y daño profundo a las instituciones.
El punto final acaso lo pondrá el pueblo argentino.
viernes, 10 de diciembre de 2010
LA DEMAGOGIA AL SERVICIO DE FINES INCONFESABLES
A nadie se le ocurriría dejar las puertas de su casa abiertas de par en par, para que los que pasan hagan lo que quieran dentro de ella. Y si hubiere quien ejerciera tamaño dislate, su acción revelaría una insanía que justificaría una visita al hospital neuropsiquiátrico más cercano.
Estas conductas que serían alarmantes en lo privado se tornan repugnantes cuando son públicas, es decir cuando son deliberadamente establecidas como políticas nacionales por parte de quienes tienen el sagrado deber de velar por a integridad de los bienes, la seguridad de sus ciudadanos y la correcta administración de sus recursos.
Tales son los hechos que en el presente sublevan a cualquier ciudadano. Me refiero a la ocupación del Parque Indoamericano, culminación de un sinnúmero de acciones similares.
Un espacio público, es un espacio acomodado para el bien común, de gran importancia ambiental como es el caso del Parque Indoamericano que acaba de ser ocupado, desalojado y vuelto a ocupar por quienes despreciando las normas de convivencia civilizada, consideran que por el simple hecho de necesitar una vivienda, pueden instalarse donde se les ocurra.
¿Quién no necesita o no ha necesitado un techo? Pero eso no significa que los millones de argentinos que nos hemos esforzado, desde hace varias generaciones para obtener una vivienda, aceptemos que una necesidad justifica un desmán.
Muchos de los intrusos eran extranjeros. Curiosa mutación la de estos inmigrantes respecto de aquellos que llegaron otrora buscando trabajo para sus manos y un porvenir para sus hijos, dentro del marco de las leyes y la convivencia civilizada.
Esta tierra, que siempre fue hospitalaria para los inmigrantes y con ellos cimentó su grandeza, al punto que Octavio Paz afirmó con justeza "Que los argentinos descendemos de los barcos" (y a mucha honra, añadiría yo) no merece políticas improvisadas en esta materia.
Bienvenidos quienes llegan para ensanchar el bien propio y el común. Pero en este punto es deseable separar la paja del trigo. Deseables son los hombres y mujeres de bien. Los de mal serán indeseables.
El territorio nacional es campo fértil para la usurpación. Falto de radares que vigilen nuestro espacio aéreo, Argentina es una gran pista de aterrizaje para los aviones ilegales. Falto de controles fronterizos computarizados en tiempo real, ya no somos un país de puertas abiertas, como antaño, sino uno sin puertas, lo cual es grave.
En mayo del año en curso el Gobierno reglamentó la Ley de Migraciones N° 25.871 afirmando que Argentina "ha reformulado los objetivos de su política migratoria, en un marco de integración regional latinoamericana y de respeto a los derechos humanos y movilidad de los migrantes, lo que genera un compromiso cada vez mayor de cooperación mutua entre los diversos estados parte del Mercosur". De su lectura se advierte que el marco legal promueve "la integración en la sociedad argentina de las personas que hayan sido admitidas como residentes y el reconocimiento efectivo hacia las personas extranjeras del arraigo en el territorio nacional".
Cualquier estado que se precie de respetar a sus ciudadanos, de vigilar sus accesos internacionales y cuidar el inteligente aprovechamiento de los recursos, siempre escasos, para bien de la propia población, rechazaría una política de ciudades abiertas a cualquier oportunista.
Sentido común y capacidad de conducción alcanzan para revertir el actual estado de cosas.
Sin embargo en esta Argentina de hoy, nuestros niños mueren de hambre, nuestros jubilados sobreviven con mendrugos y la gente del común vive como en la selva, mientras los que mandan argumentan, con falacia, que velan por los derechos humanos y el bienestar de los mas humildes.
¿Que fines inconfesables persiguen con estas mentiras ?
¿Es esto casual o es el resultado de una política tendiente a postrar a un país aturdido?
De no ponerle rápido fin a estas y otras negligencias, se avecinan tiempos de horror. Las hordas bárbaras, los delincuentes y las mafias de narcotraficantes serán amos y señores de una sociedad inerme.
¡Argentinos a las cosas! Dijo el filósofo español Ortega y Gasset hace muchos años, advirtiendo nuestra indolencia ciega. La admonición del gran hombre sigue vigente.
martes, 30 de noviembre de 2010
Políticas de Estado
Bien dicen que un gobernante piensa en las próximas elecciones en tanto que un estadista piensa en las próximas generaciones. En esa inteligencia no es osado conjeturar que a esta República Argentina le esta haciendo falta ser gobernada por esa clase de políticos, para colocarla definitivamente en el siglo XXI, y arrancarla del siglo pasado al que pretenden anclarla los que hoy mandan.
Esta centuria debería ser la continuidad del legado de los grandes próceres. Unidad de los argentinos en torno a un proyecto nacional que amalgame a todas las clases sociales. A cada uno lo suyo sin despojos ni injusticias.
Establecer de una vez por todas una comunidad organizada donde cada quien se exprese sin vulnerar derechos ajenos. La vigencia de instituciones decorosas, el cabal respeto de la ley, el vigor de la fuerza pública para hacerla valer serían los objetivos para prosperar dentro de un estado de derecho respetable y respetado.
Digámoslo con todas las letras: Nunca más al enfrentamiento violento. Nunca más al desprecio moral por las ideas contrarias, Nunca más a la reivindicación facciosa de un pasado sangriento. Nunca más a la corrupción y a la impunidad. Nunca más al hambre, a la falta de trabajo, al olvido de la educación, al hábito de la prebenda y a su correlato, el clientelismo político.
Llegarán los tiempos en que se cumplirá el apotegma de Perón: Para un argentino no hay nada mejor que otro argentino.
Será menester un puñado de políticas de estado que concentren el imperio de la educación con aquella obsesión Sarmientina, el imperio del trabajo con aquella dignificación peronista, el imperio del orden y del progreso con aquel fervor de la generación del ´80.
Hay un porvenir hacia el que marcha un puñado de naciones, que emergerán del subdesarrollo para reencontrar un destino de prosperidad. Debemos encontrarnos entre ellas.
Para eso será preciso dejar atrás a los ambiciosos del poder despótico, a los corruptos disfrazados de progresistas, a los mediocres y a los violentos ocultos tras las máscaras del populismo inane. En suma, es preciso abandonar a su suerte a aquellos que tienen ojos en la nuca y construir el país que todos merecemos.
Está al alcance de la mano, si hay un cerebro y un corazón que la guíe.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
LA CAÍDA DE LOS DIOSES

“Sólo Dios es grande”, dijo el obispo Masillon en su oración fúnebre frente al cadáver de Luis XIV de Francia. En esa como en otras piezas oratorias del prelado, mostrábase lleno de desdén hacia las grandezas humanas y no había elevación que en su sentir no fuera peligrosa para el alma.
Los liderazgos humanos se precipitan en la nada por la pérdida de su magnetismo en las masas, o bien por derrotas bélicas o políticas, o sencillamente por la muerte. Y cuanto más fuertes son los liderazgos más grande son las consecuencias que su pérdida provoca.
Tras la muerte de César sobrevino la guerra civil entre Marco Antonio y Augusto. Tras la muerte de Carlomagno, el imperio carolingio se desmembró en pocos años y desapareció. Muerto Luis XIV, en seis décadas la revolución francesa arrasó con la corona de los Capetos.
Y por citar ejemplos más nuestros, muerto Perón, desaparecido de la escena su talento político, ese talento que él construyó, perfeccionó y aplicó como pocos, su viuda, simple heredera de sus glorias, faltante la guía, se precipitó en la desgracia de los entornos y los microclimas cortesanos.
Ha muerto Néstor Kirchner y los beneficiarios del poder y la ambición que estragó su corazón y le segó la vida, desean expresar repetidamente que nada cambiará y que el gobierno seguirá su marcha en pos de los objetivos del finado.
La historia no acredita semejantes prodigios.
Los halcones y las palomas que anidan en todo poder sucesorio no vuelan en los mismos cielos. De ahí que cuatro escenarios posiblemente aguarden a quienes gobiernan la Argentina en los próximos 13 meses y que serían, en orden de probabilídades:
1)Que la diferencia escencial entre construir el poder y usufructuarlo se manifieste, tanto en la incapacidad de sus apóstoles para sostener y expandir la doctrina, como en diversas luchas intestinas por el control de la voluntad de la presidenta o de resortes claves del aparato gubernamental, y que tales camarillas se neutralicen unas a otras fracasando en el logro de los objetivos generales.
2)Que logren establecer un orden y un eficaz liderazgo de emergencia y radicalicen su metodología y sus fines, extremando los principios despóticos y fundamentalistas del unicato casi monárquico, empobreciendo la convivencia democrática intra y extramuros de la Casa Rosada.
3)Que intenten desarrollar una política de diálogo y unión nacional, tendiente a reparar los enfrentamientos, apuntando a incrementar la calidad institucional devaluada hasta la fecha, generando un clima apto para una mejor convivencia política, social y económica.
4)Una combinación invertebrada de estas tres variantes anteriores.
La sociedad en su conjunto, exceptuando a quienes hay que exceptuar, espera que gobierno y oposición logren transmitir un mensaje superador de la actual coyuntura, y sin crispaciones, agravios ni diatribas de ácido pícrico, desarrollen un programa futuro de acuerdos básicos, de estrategias comunes, que en el corto mediano y largo plazo se transformen en políticas de estado, que incorporen a la Argentina en la lista de los países desarrollados, lista a la que una vez pertenecimos.
Ingresamos a tiempos de desafío tanto para la ciudadanía como para la dirigencia política.
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